Efemérides bd

Entre galgos y medianoches

La violencia solo puede ser disimulada por una mentira y la mentira solo puede ser mantenida por la violencia. Cualquiera que haya proclamado la violencia como su método esta inevitablemente forzado a tomar la mentira como su principio”. Grandes palabras. Su autor, un escritor ruso de apellido impronunciable como varios de esa nacionalidad, fue obligado a irse de su nación. Y por lo general cuando intiman a alguna personalidad a abandonar su país no es porque haya tomado la mentira como su principio, como dijo Solzhenitsyn (les dije que era difícil), sino todo lo contrario. Muchos de los desterrados de la historia no pudieron volver jamás a su casa, pero él pudo.

Por Nicolás Moretti.

 

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Si mencionáramos el nombre de Aleksandr Solzhenitsyn en una reunión nos mirarían raro, salvo que estemos en presencia de un interesado por la lectura, curioso, o de un ruso. Fue escritor, como dijimos antes. Si dijéramos Hemingway, en cambio, no habría desconcierto porque su apellido ya esta universalizado (incluso para el Word, que no lo subraya en rojo al escribirlo. Hagan la prueba). Los dos son Premio Nobel, cada uno con sus características, por lo que su nivel creativo fue, por lo menos, interesante. Pero la causa central por la que Solzhenitsyn no alcanzó la popularidad de otros es porque tanto el cómo su obra fueron postergados y sepultados durante mucho tiempo, aunque aclararemos algo más adelante acerca del galardón que recibió el ruso.

Solzhenitsyn nació en 1918, la Revolución Rusa ya había sucedido y sus primeros recuerdos ya tenían a Stalin en el poder. Siempre lo invadió una inquieta necesidad de comprender el pasado, era una persona muy mística, devota, y no concebía como había sido derramada tanta sangre fruto de la codicia humana y del alejamiento de los hombres de los valores espirituales, según su sentir y parecer. Se graduó en Física en 1941, trabajaba, ya había intentado publicar algunos trabajos y estaba dispuesto a continuar sus estudios sobre filosofía en Moscú, pero la guerra cambió las cosas. Tuvo que servir en el frente para repeler la invasión nazi, no tenia opción. Nadie la tenía. La singularidad más grande del Ejército Rojo que defendió a la URSS del ataque de Hitler era que los soldados eran la minoría. Estaba conformado por todos los hombres jóvenes, y no tanto, capaces de tolerar físicamente el rigor bélico. La instrucción era en el frente, combatiendo. Nada de libros.

Hasta aquí estamos en presencia de un ciudadano soviético de primera mitad del siglo XX ejemplar. Sostén de familia siendo hijo (su padre había muerto joven), estudiante destacado, trabajador y soldado al servicio de su país. El paradigma del hombre socialista pretendido por la URSS.

Increíble pero real: cuando terminó la guerra fue encarcelado. La libertad de expresión era delito no excarcelable en la Unión Soviética de Stalin, provenga de quien provenga, sobretodo si esas expresiones eran verídicas. Sus correspondencias con un amigo desde el frente, violadas en su intimidad por los servicios secretos, en donde contaba lo que veía, le valieron ocho años de prisión y trabajos forzados en campos de concentración urbanos, los famosos gulags.

Fue por esta nefasta experiencia que Solzhenitsyn se lanzó de lleno a la escritura. Anotaba todo lo que sucedía en el gulag en un trozo de papel, lo leía, lo memorizaba y luego lo quemaba. Cuando recuperó la libertad en 1953 escribió todas sus memorias que, junto a los testimonios de otros presos, dieron vida a una de sus novelas más emblemáticas: Archipiélago Gulag, publicada en 1973 en Paris.

Cuando Stalin murió, el escritor, al igual que miles de obreros encarcelados injustamente, fue absuelto de todos los cargos que se le imputaban. Kruschev y su ilusión de apertura permitieron una ligera libertad de palabra en la URSS, dentro de la que Solzhenitsyn publicó el relato que le daría una enorme popularidad en su país y en el mundo. Cuando escribió “Un día en la vida de Iván Denisovich”, Solzhenitsyn lo pensó con otro título, no el impuesto por el Gobierno. No le importó demasiado. Este ensayo, que también se ambienta en las penurias de un prisionero de guerra, lo catapultó a la fama y se publicó en 1962. Ocho años más tarde ganaría el Premio Nobel de Literatura con solo una publicación oficial. Occidente quería premiar de inmediato a quien le ofreció una posibilidad, veraz por cierto, de escupirle el asado a la URSS en el marco de la orgullosa Guerra Fría. Sin embargo no pudo recibir su premio hasta 1975, ya que si salía de su país para recibirlo no podría volver a ingresar y la URSS negó el visado a los representantes suecos que se ofrecieron a entregarle el galardón en tierra soviética. La burocracia stalinista había sobrevivido a su creador, con la destitución de Kruschev volvía a tomar las riendas del comunismo internacional con formidable firmeza y volvería a castigar duramente al perturbador.

En 1974 Solzhenitsyn fue detenido junto a su familia, expulsado de su país bajo pena de muerte si intentaba regresar clandestinamente y deportado a Alemania Federal acusado de actividades subversivas, algo por lo que cualquier soviético podía ser acusado si, por ejemplo, era admirador de John Travolta. Allí comenzó un largo derrotero que culminó en EEUU, donde rápidamente fue contactado por las autoridades que querían utilizarlo como el ejemplo más claro de la barbarie del Este, pero el ideario occidental tampoco convencía al escritor, que rechazó una por una cualquier entrevista o publicación a su nombre que critique al comunismo y a su país, aunque ya se había convertido en su crítico más famoso alrededor del globo.

Las obras de Solzhenitsyn ya habían sido publicadas en todo el mundo salvo en la URSS (entre ellas “La rueda roja” uno de los estudios históricos más importantes acerca de la Revolución Rusa) situación de ribetes ridículos, mas emparentados con el berrinche de un niño que con lo que se esperaría de una potencia mundial. Recién en 1990, cuando la URSS se caía a pedazos, lo que quedaba de ella accedió a que las obras del exiliado se dieran a conocer en su tierra natal y a devolverle la ciudadanía soviética. Los ejemplares se agotaron en un santiamén. Sorpresivamente también se le permitió publicar artículos en los periódicos soviéticos, donde Solzhenitsyn no hizo leña del árbol caído y apuntó a una reconciliación que debía girar en torno a los valores morales que el hombre soviético había olvidado o reprimido durante décadas.

El 27 de Mayo de 1994, después de 20 años de exilio el escritor volvió a su país, o a su territorio; había nacido en la URSS y esa nación ya no existía. Fue en Rusia, entonces, donde Solzhenitsyn fue recibido como un héroe. Recorrió diez mil kilómetros desde Siberia a Moscú, trayecto que eligió desandar para parar en cuanta ciudad pudiese para dialogar con la gente y con los representantes del nuevo gobierno. En la capital fue recibido por Boris Yeltsin, quien le dio todos los gustos. Pero a Aleksandr, tampoco le gustaban las medidas de gobierno del canoso presidente amante del vodka. También lo hostigó en un programa de televisión que el Estado ruso creó para él y también fue censurado, esta vez en una “democracia occidental”.

Solzhenitsyn se dedicó entonces a continuar con su labor literaria y de investigación histórica en la tranquilidad de su estancia de Moscú y escribió más obras que las creadas durante los años de exilio y de viajes de apuro. Murió en 2008, en la tranquilidad de su hogar, rodeado de sus afectos y de los miles que a diario le escribían cartas para agradecerle su compromiso con la verdad o para contarle experiencias similares a las que él había vivido, correspondencia que se encargaba de contestar en su totalidad, en una tarea que le tomaba muchas horas por día.

Vale la mención y el recuerdo breve de la vida y obra de este hombre castigado por decir la verdad y ajeno al sentimiento de revancha. Un ejemplo que muchos rusos siguieron en los años posteriores a la caída de la URSS, que dejó cantidades industriales de rencores y resentimientos que aun continúan. Gracias a su inmensa labor, entre otras causas, se desclasificaron todos los documentos de los años grises soviéticos y la verdad salió a la luz. También en Rusia, Sozhenitsyn, como su pueblo, querían saber de qué se trata.

Hasta la próxima.

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