Animales

El fabuloso perro dinamita baila a lo go-gó como nadie

Un simpático y carismático bichon frisé, al escuchar su canción disco favorita, no puede dejar de bailar con un paso muy pegadizo.

Por Cecilia Martínez

 

 

Alguna vez hubo un perro llamado Seamus, un cánido buena onda que aullaba en la canción homónima de Pink Floyd del disco Meddle, de 1971; él mostraba el camino: en una época de vocalistas ladradores, las jaurías traerían el futuro del rock. El caso es que la mencionada canción era un blues de 2’15’’, en el que el can se entusiasmaba con la armónica y la guitarra -un promedio de vocalistas de rock de la época comenzó del mismo modo, así que no se rían- y le hacía los coros a David Gilmour (quizás ya no le daba la voz, o de abierta vagancia decidió que el pobre pichicho era lo más conveniente porque no contaba con un representante). Años más tarde, para la grabación del mítico concierto Live at Pompeii, Seamus -con otros compromisos asumidos: el bicho se dio cuenta de que lo estaban estafando- fue reemplazado por una perra llamada Nobs, prestando así su nombre para una nueva versión de Seamus, rebautizada Mademoiselle Nobs. Syd Barret internado en un psiquiátrico, mientas dos perros aulladores le serruchaban el piso. Así son las cosas. Miren This is Spinal tap y podrán comprobar que la inteligencia humana no es precisamente superior a la inteligencia perruna.

 

Buendiario-bichon-frise-perro-baile

 

Año 2014. En China, unos bichon (se pronuncia /bishón/) frisé (la versión mejorada del caniche toy, o sea, más lindos, suaves y más oso-de- peluche-style) bailan al ritmo de su canción preferida, You are my flower, de Wu Bai y China Blue. Uno de ellos encera el piso: danza de un lado a otro en dos patas durante dos minutos y posa para la cámara, extasiado y orgulloso de sí mismo. El otro está en cualquiera y toma agua de una especie de botellón dado vuelta. Hay una breve disputa de egos, con empujón y todo, pero nuestra estrella, impertérrita, sigue bailando de un lado a otro y logra desplazar al segundo, que se da por vencido, viendo que es inútil hacerle sombra al excelso bailaor.

El perruno es furor en China y marca tendencia, por el paso de baile pegadizo y por el look orgásmico. Estamos frente al auténtico Chi-fro (chinese afro; sí sí, señores: recuerden pedir este modelo a su estilista más cercano) sensual, la envidia de Matt Stone, Howard Stern, Seth Rogen y tantos otros. Ritmo, gracia, desenfado y afro natural.

Y parece que el combo viene en los genes. Ya hubo otro bichon que la rompió en America’s Got Talent, bailando con su dueña a quien, claramente, le pasaba el trapo:

 

 

Ya sea en un programa de talentos o desde el living de la casa, al fin y al cabo, ¿quién no quiere tener un bichon de visitas?

Visto en Huffington Post

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