Buen Samaritano

El Banco de la Felicidad, donde la ayuda va y viene

Todo es posible en este hermoso banco, donde las personas se ayudan entre sí sin que medie interés económico; todo se hace por el bien de los demás, siguiendo esa antigua premisa que dice que todo bien hecho desinteresadamente regresa, trayendo prosperidad. Karma, que le dicen.

 

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Airi Kivi, la creadora de este hermoso movimiento

 

Todo el mundo comienza a enterarse y participar de este hermoso fenómenos de ayuda al prójimo. Como una inmigrante que vive en Massachusetts, EE.UU., quien posteó en el banco que necesitaba ayuda para mejorar su inglés. De inmediato, tres angloparlantes de primera línea le respondieron, deseosos de ayudar sin ningún interés de lucro. “¡Hola, Mary! Totalmente dispuestos a ayudarte vía mail”, respondió un hombre llamado Chris.

En eso consiste el Banco de la Felicidad: en dar sin esperar nada a cambio, para hacer del planeta un lugar más feliz. Fue creado hace cinco años por Airi Kivi, una psicóloga estonia, quien lanzó el portal para que gente de todas partes del mundo postee tanto los servicios que necesita como aquellos que está dispuesta a ofrecer, de forma gratuita. Sólo pueden ofrecerse buenas acciones y no está permitido que medie dinero de ningún tipo: debe nacer del corazón.

“Nos inspiró el entendimiento de que en la sociedad existe una brecha entre que a la humanidad le importe el otro y el bienestar económico”, escribió Kivi en el sitio del Banco de la Felicidad. “En ese entonces, y más ahora, estamos convencidos de que la fórmula para la felicidad está en darse cuenta de lo que necesitan los demás. Sentimos que la gente quiere ayudar a otros, pero a menudo no sabe cómo”.

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Al día de hoy, el banco tiene dos mil usuarios de Estonia y otros países, pero lo que más emociona a su creadora es que la oferta de ayudar sobrepasa en gran cantidad a la demanda de favores. “Cuando uno revisa los pedidos, te queda la impresión de que, al menos en Estonia, no debería haber ni una sola persona que tenga un problema que no lo pueda compartir con otros”, escribió Kivi.

Algunos de los servicios más populares que estos “banqueros” ofrecen incluyen asistencia ténica para computadoras, atención dedicada para escuchar los problemas personales de otra persona, consultorías financieras y pasear al perro del prójimo. Los motivos para unirse a este movimiento “pro felicidad” son múltiples: Terge Reintem, una masajista en Estonia, empezó a ofrecer sus servicios cuando se quedó sin trabajo, pensando en que era una gran forma de mantenerse en forma hasta encontrar un nuevo empleo. Pero aún luego de conseguir un nuevo trabajo, siguió ofreciendo masajes gratis por el placer que le da el oficio voluntario. Y, además, porque dice que sus clientes gratuitos son mucho más amables que aquellos que le pagan.

“¿Acaso no estamos rodeados por la gente más amable?”, escribió Kivi en el sitio online. “¡Feliz acceso al banco!”, concluyó, tan feliz que contagia.

Visto en Bank of Happiness

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