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El amanecer de los derechos de los simios

El estreno de la última película de la trilogía de El planeta de los simios reaviva el debate sobre los derechos de los animales, en concreto de los chimpancés.

 Por Paula García Mora

 

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Imagen de la película El amanecer del planeta de los simios

 

Son muchos los enigmas que se encuentran detrás del origen y de la naturaleza del mundo tal y como lo conocemos. Uno de los más discutidos por la comunidad científica es el del famoso “eslabón perdido”, aquella especie que nos separa de los simios en el proceso de hominización y que posiciona a los chimpancés como parientes cercanos. Aún existiendo ese eslabón son tantos los parecidos genéticos que mantenemos con estos primates que estos se terminan convirtiendo en candidatos ideales para llevar a cabo infinidad de experimentos científicos con ellos. Sin embargo son esas mismas similitudes las que plantean la ética de estas acciones.

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El movimiento contra la utilización de los monos y simios en experimentos científicos no acaba de nacer, sin embargo la concienciación ciudadana viene en ocasiones de los lugares más insospechados. En este caso es la última secuela de la trilogía de El planeta de los simios la que reaviva el debate sobre los derechos de estos primates. En el film, que se ha estrenado este mes, los primates se han vuelto más inteligentes debido a un virus que se propagó al realizar experimentos científicos con ellos. En esta situación de igualdad intelectual con los humanos los monos deciden vengarse por las torturas que sufrieron en los laboratorios. “Pocas metáforas de quién somos se antojan tan perfectas como la del simio (…) Mirando a los ojos del simio lo que vemos es el reflejo de nosotros mismos. Los animales somos nosotros”, reflexiona Matt Reeves el director de la película.

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Tras este estreno y años de esfuerzos por terminar con estas investigaciones, Inglaterra ha sido uno de los primeros países en terminar de prohibir la experimentación junto con Nueva Zelanda, Japón, Australia y la Unión Europea. En los Estados Unidos se han comenzado a enviar a santuarios como el de Chimp Haven a más de 110 chimpancés que padecían secuelas y enfermedades por haber formado parte de experimentos científicos. En Argentina también se han liberado 310 chimpancés que estaban cautivos en los laboratorios del Estado y también algunos laboratorios privados han dejado de usarlos. Es también curioso el caso de Canadá que aún no existiendo ninguna ley que lo prohíba no se realiza en los institutos públicos.

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Aunque aún quede un largo camino por recorrer, el crecimiento de la concienciación y la consecuente liberación de tantos primates en todo el mundo, así como la búsqueda de otros métodos de investigación que prescindan de cualquier tipo de animal es una buena noticia. Francisco Garrido, profesor de Bioética en la Universidad de Jaén (España), afirma que “la experimentación en animales además de científicamente poco fiable, es éticamente inaceptable” y asegura que su prohibición no plantearía problemas científicos ni económicos. En conclusión ¿Por qué seguir hiriendo a animales para estas pruebas si existen alternativas posibles?

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