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EEUU: becas universitarias para presos de buena conducta

El gobierno anunció un programa para permitir que algunos presos puedan estudiar, impulsando que se reformen mediante los libros y no el castigo.

 

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Educarse, un modo de ser libres.

 

Con libros y clases sobre Nietzsche o álgebra, Estados Unidos quiere cambiar el rumbo de sus saturadas cárceles y dar segundas oportunidades a presos como el afroamericano Terrell Johnson, feliz de servir de ejemplo de esfuerzo y constancia a su hija de 12 años. “En mi vida he tomado muy malas decisiones. Tengo tres hijos y no quiero que sigan mi mismo camino. Quiero servirles de ejemplo y que se sientan orgullosos de mí”, subrayó Johnson, que estudia en la prisión de Jessup (Maryland), donde cumple condena por tráfico de drogas.

70 hombres y mujeres se sientan cinco días a la semana en pequeñas clases de paredes blancas y pizarrones en los que profesores les enseñan, dan tareas y toman exigentes exámenes trimestrales. Los diccionarios y enciclopedias los provee la Universidad de Goucher, un centro privado que puso en marcha en 2012 un programa especial de educación para presos. Las materias van desde historia afroamericana a álgebra; cultura latinoamericana a idiomas.

 

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Hay hasta clases de neurociencia, para quien las desee,

 

Un nuevo programa permite ahora a los presos solicitar becas federales, para poder formarse aún mejor a pesar de estar entre rejas. “Este programa lo significa todo para mí. Estoy aquí porque vendía drogas. Una vez que tenía antecedentes penales era difícil conseguir trabajo”, reconoce Johnson, uno de los primeros en anotarse. Dice que la educación le hizo ganar paciencia, seguridad y le permitió “abrir los ojos” a experiencias, culturas y personas en las que antes no se había fijado o, simplemente, había visto como una amenaza.

El programa también implica la enseñanza de reconocidos académicos, como el profesor de Historia Jean H. Baker. Johnson dice habe aprendido mucho sobre esclavitud y guerra civil, y cuando salga en libertad planea terminar su grado e ingresar en la Universidad Towson del Estado de Maryland.

“Recuerdo una sensación de alivio cuando comencé a estudiar. Tu cuerpo estaba recluido, no podías moverte. Pero tu mente volaba por encima de las vallas de acero”, describe Glenn Martin, otro preso que se salvó gracias al estudio. Los libros se presentan así como el camino a la reinserción y la mejor arma contra el peligroso triángulo de pobreza, encarcelamiento y analfabetismo. Una luz de esperanza, gracias a una buena política.

Visto en El Mundo

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