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Dos argentinos abrieron Museo del Escritor en Madrid

Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón reunieron objetos pertenecientes a los más notables exponentes literarios y otras rarezas y, a puro esfuerzo, inauguraron el flamante museo.

 

 

En 1982, Claudio Pérez Míguez tenía 15 años y era un devoto admirador de Jorge Luis Borges. Por eso buscó su teléfono en la guía y se decidió a marcar el número. Pérez Míguez le pidió al célebre cuentista ayuda para hacer bien su tarea de literatura, y lo mejor de todo es que Borges lo recibió. El escritor lo citó al día siguiente en su casa de la calle Maipú, y no solo dialogaron sino que pasaron un buen rato.

Poco tiempo después de ese encuentro, Borges fue a Quilmes para inaugurar el taller literario que se realizaba en la escuela de Claudio e incluso fue a conocer a la familia del joven lector. Pérez Míguez estudió derecho, pero se terminó volcando por el arte y la gestión cultural. Junto con Raúl Manrique Girón, también argentino, profesor de pintura e ingeniero, crearon en 1995 el Centro de Arte Moderno, cuya sede original estaba en Quilmes.

En 2002 se trasladaron a Madrid, adonde trasladaron sus ansias de crear un espacio dedicado a la memoria de los escritores hispanoamericanos. Hoy, finalmente, salió a la luz el Museo del Escritor, único en su especie, y expone reliquias y tesoros de autores en lengua castellana. Ubicado dentro del Centro de Arte Moderno (en la calle Galileo 52), en el barrio de Argüelles, el museo abre sus puertas con entrada libre y gratuita. Sus dueños en persona realizan las visitas guiadas, que funcionan con cita previa.

La colección incorpora piezas de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Oliverio Girondo, Juan Carlos Onetti, Alejandra Pizarnik, Nicanor Parra, Arnaldo Calveyra, Aurora Bernárdez y Miguel Delibes, por nombrar algunos. Son más de 5000 objetos que el museo revela, y ya han pasado por sus salas Antonio Muñoz Molina, José Manuel Caballero Bonald, Ernesto Cardenal, María Kodama, Luisa Valenzuela y María de los Ángeles Marechal, quienes también brindaron charlas.

En el museo podemos encontrar la dedicatoria que Cortázar le realizó a Pizarnik en el libro de Henri Michaux, donde la acepta como socia honoraria del Club de la Serpiente; los anteojos de Onetti; libros que pertenecieron a Borges; un diario de viaje de Mujica Lainez; una tortuga de María Elena Walsh; un sombrero de Bioy Casares; el certificado de nacimiento de Olga Orozco y otros tantos tesoros. “Los caminos de los libros son como los caminos del señor”, bromea Pérez Míguez, y Manrique Girón agrega que la mayor parte de los objetos son donados, o bien por los herederos de los escritores, o por amigos de los intelectuales.

Dentro de este Centro de Arte también funciona una pequeña editorial dedicada a publicar inéditos de grandes autores y ambos socios además inaugurarán el mes que viene, en Casa de América, una exposición dedicada a las vanguardias en el Río de la Plata. Compartirán allí con un público más amplio los objetos y textos curados para esta muestra. “Nosotros no tenemos dinero. Todo se basa mucho en el contacto personal. Ése es nuestro principal capital y por eso el público confía en nuestro trabajo”, resumen.

Visto en El País

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