Sociedad

Dictamen favorece libertad de expresión en África

La Corte Africana de Derechos Humanos revocó el pedido de captura de Issa Lohé Konaté, de Burkina Faso, lo cual implica un gran paso al frente para los periodistas de todo el continente, perseguidos por cumplir con su trabajo.

 

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Konaté, feliz por el dictamen.

 

Konaté sabía que ser periodista en el África occidental nunca sería tarea sencilla. Investigar y reportar sobre ciertos temas en Burkina Faso implica, como en toda la región, lidiar con ancianos tiranos en el poder, leyes colonialistas que siguen vigentes y numerosos casos de corrupción, sin entrar en disputas religiosas y territoriales. La intimidación oficial es un peligro siempre vigente, y Konaté hace veinte años que lidia con ello en su trabajo para el semanario L´Ouragan, pero en 2012 su valentía encontró un freno: dos artículos sobre corrupción en el gobierno y la policía lo llevaron a la cárcel.

“Yo estaba haciendo preguntas sencillas, y di evidencia de lo que afirmaba. Ellos solo debían responder con su propia evidencia para demostrar su inocencia”, explica Konaté. Pero a cambio, y sin explicaciones, cerraron el diario en el que trabajaba por seis meses y a él no solo le tocó la cárcel, sino una multa de 4 millones de francos CFA, más de cinco mil veces el salario promedio a nivel nacional. ¿El cargo? Difamación.

Luego de dos años de batalla legal, el caso llegó a la Corte Africana de Derechos Humanos, donde se decretó la inocencia del periodista y se revocaron todas las penalidades aplicadas por su país de origen. Esto implica un gran apoyo a las voces disidentes en los países africanos. “Me han quitado un gran peso de los hombros”, expresó el periodista, cuya libertad de expresión se consideró violada por su Estado. Y su triunfo no es solo suyo: el veredicto sienta precedente en los 27 países que adhieren a la Corte máxima africana. No es poco para un continente en el que, según el Índice de Libertad de Prensa Mundial, hay ocho países en el que los derechos se han deteriorado más en el último año.

“La importancia de esta decisión radica en que no fueron extranjeros los que decidieron esto. Fue una decisión 100% africana, lograda a través de instituciones y jueces africanos, en Tanzania”, expresó Peter Noorlander, de la ONG que representó a Konaté, la Media Legal Defense Initiative. Esta organización representa a periodistas de todo el mundo, pero “África es particularmente desafiante, ya que líderes de muchos países muestran una severa alergia a las críticas”, comentó Noorlander.

En 2013, hubo al menos 200 casos de periodistas encarcelados en todo el mundo por ejercer su trabajo. Y en tiempos recientes el control gubernamental sobre la información ha tomado nuevas formas, como el sabotaje económico o el pago de alicientes a las imprentas para que no salga el diario. Quienquiera que cuestione al modo en que el el ejército nigeriano está manejando el tema de Boko Haram se expone a severas intimidaciones. Y otras investigaciones, como la que David Tam Baryoh realizó en Sierra Leona sobre cómo fueron manejados los casos de ébola, le costaron once días detención el pasado noviembre. “Cuando vinieron a arrestarme me preguntaron por qué había entrevistado a un político de la oposición”, cuenta Baryoh, a quien le confiscaron el pasaporte y debe reportarse con la policía todas las semanas.

Por estos casos, y en un mundo donde la libertad parece cada vez algo más difícil de tener y cuidar, es importante que se siente precedente. Y que todo el mundo pueda contar su versión, por el bien de la democracia.

Visto en The Guardian

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