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Dejadas de la mano de Dios: reseña

Una obra corta e intensa, que aborda la naturaleza de la mujer desde lo ideológico hasta la libertad.

 

ambas actrrices hacen del mismo personaje.

ambas actrrices hacen del mismo personaje.

 

El teatro El Damero está casi escondido, como si tuviera que mantener un valioso secreto dentro. Cuando uno camina por la calle, generalmente oscura (las mejores cosas ocurren de noche), casi pasa de largo esa entrada angosta con luz cálida que recibe abierta a cuanto pasa. Una línea de gente espera a entrar a la obra Dejadas de la mano de Dios, una adaptación de la obra Madre Pasota de Darío Fo y Franca Rame. Una mujer, sonriente, nos indica una escalera que baja hasta lo profundo de lo desconocido y la obra comienza.

Pum. Pum. Dos pisadas estruendosas resuenan en la pequeña sala con sillas de jardín donde nos encontramos. Así, resonante, es la misma obra. No hay mucho en el escenario iluminado más que un confesionario confeccionado a mano. A la par de los elementos, las artistas no trabajan con efectos de sonido ni grandes recursos. De hecho, lo que más llama la atención a primera vista es el vestuario estrambótico de las mujeres. Y nada más. Cincuenta minutos después, me encontré alegrándome de que no hubiera nada que pudiera distraerme del talento de ambas actrices.

La obra habla sobre una madre, esposa y sobre todo, mujer, que acude a un confesionario para huir de la policía que la persigue. Ahí, conviene en que lo mejor que puede hacer es confesar sus crímenes con el sacerdote de turno, lo cual desemboca en su historia de vida: como crió a su hijo bajo el estricto régimen comunista, que terminó metiéndose en la militancia de “troskos”, y como ella, intentando protegerlo, termina encontrando su libertad.

 

en representación.

en representación.

 

Pero la obra va más allá de estos temas: también habla del rol de la mujer en las tareas domésticas y la libertad de poder decidir qué hacer con tu vida, todo con un tinte desopilante de humor y, por supuesto, una calidad actoral sublime de Silvia Melli y Mariana Vazquez. Ambas pusieron vida al personaje, convirtiéndolo en una mujer con la que todos nos identificamos un poco.

A la salida, ambas actrices saludaron a todas las personas que se habían presentado con cariño y cansancio. En silencio, el teatro volvió a quedarse camuflado en Buenos Aires y su gente, pero los que habíamos presenciado Dejadas de La Mano de Dios, estábamos ciertamente más felices.

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