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Cuba abre las cárceles a la prensa

El gobierno cubano autorizó el acceso de la prensa extranjera a varias prisiones: dos autobuses repletos de periodistas visitaron cuatro centros penitenciarios. Las autoridades pretenden mostrar al mundo los resultados de un sistema de disminución de rigurosidad, que ha llevado a que la mitad de los presos gocen de un régimen abierto que les permite trabajar fuera y visitar a sus familias.

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En 2007, cuando Raúl Castro asumió la presidencia, la política carcelaria empezó a cambiar. El gobierno impulsó la creación de decenas de estos centros penitenciarios abiertos en todo el país para trasladar a los presos no peligrosos a condiciones de menos rigor. En 2010 se ordenó la liberación de 250 prisioneros políticos, mediante un acuerdo con el gobierno español y la Iglesia Católica. Un año después se amnistiaron a 3.000 presos comunes y se anunció que cada año se repetiría la acción para aquellas personas que ya no representan un peligro de cara a la sociedad. Y finalmente se le perdonó la vida a todos los condenados a penas de muerte que estaban a la espera de ejecución.

Hay en Cuba 57 mil reclusos divididos en 5 prisiones de máxima seguridad, 40 normales y 155 centros abiertos. Uno de estos últimos es La Lima, cuyo director, el mayor Jorge Fonseca, dijo a Público que hoy la mitad de los reclusos se benefician de la menor rigurosidad pero el proyecto a nivel nacional es llegar a tener en los próximo años “al 70% de los internos en régimen abierto”.

En el Combinado del Este se encuentran los presos más peligrosos de La Habana, a muchos de ellos ni siquiera se les permite trabajar. Allí existe un sistema que premia la buena conducta y la integración en los programas de reinserción que va abriendo puertas al trabajo, al estudio, al aprendizaje de un oficio e incluso a la reducción de condena y a la posibilidad de llegar a ser trasladado a un régimen más abierto. Cuba cada vez va ofreciendo más beneficios a los presos como programas de inserción laboral, formación o visitas familiares.

En la prisión hay escuelas para aprender oficios y se puede trabajar en un desguace de automóviles. Los presos ganan un salario de alrededor de 20 dólares mensuales pero hay incentivos más fuertes para trabajar. Entre ellos, se les aumenta las visitas conyugales, se reduce hasta en 4 meses por año la condena y se avanza hacia formas más abiertas de reclusión.

Al parecer este sistema de estímulos está reduciendo el nivel de violencia entre los reclusos. “Esto nunca va a ser un buen ambiente pero violencia no hay”, nos confirma Daniel Acuña, un recluso de 25 años. En la actualidad habría menos de 6 heridos por arma blanca al año, según explica el Jefe de sanidad penitenciaria, Dr. Mariano Izquierdo.

“A mí me dan todo lo que necesito para mi enfermedad, ahora me están estudiando para operarme de una mama”, nos dice en el hospital Lianes Lamonth, quien fue diagnosticada como portadora de SIDA al entrar a prisión y trasladada a un centro especial de San José, en las afueras de La Habana.

Los recursos deben integrarse a los programas de trabajo y estudio con el fin de que al terminar la condena tengan un oficio con el que ganarse la vida. De todas formas todos los que son liberados salen con un puesto de trabajo en una empresa estatal, gracias a un acuerdo a nivel nacional. Además existe un “grupo multidisciplinario” que coordina acciones con la familia para que esta influya sobre el interno.

Visto en Público

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