¿Es o No es?

Crece Tough Mudder, nuevo entrenamiento super extremo

Luego del furor del Crossfit llegó esta disciplina de equipo que exige un juramento y exigencia física al límite, pero que acepta a personas de todas las edades y condiciones. ¿Es bueno este furor por el cuerpo y el espíritu comunitario o hay algo de secta y de idealización de lo militar?

 

 

En todo el mundo sigue creciendo la pasión por sumarse a los deportes extremos, que moldean y pulen el cuerpo. Ya no solo se suman los entusiastas de siempre, sino nuevos adeptos, personas que quieren adelgazar, o verse muy bien, o sentirse activos. Tough Mudder (algo así como “barro duro”) es una nueva disciplina que reúne obstáculos de todo tipo, y que tiene una extensión promedio de entre 18 y 20 kilómetros. Su éxito despierta viejas preguntas: ¿Está bien el cuidado extremo del cuerpo, aún si es a costa de un entrenamiento prácticamente militar?

La prueba incita a sus participantes a poner a prueba su fuerza física y su entereza mental. Sin embargo, sus creadores predican la camaradería por sobre la victoria, y explican que no se trata de cuánto tiempo se tarda sino de comulgar con los otros miembros del equipo y de divertirse. “Tough Mudder es más que un desafío de fitness, es un conjunto de valores que vivencian en el recorrido, y luego en la vida cotidiana”, explica la página oficial.

 

 

Donde la cosa se pone áspera, o al menos extraña, es en el Juramento del Mudder. Aquí el sesgo militarista recuerda un poco a otros movimientos sociales del siglo veinte, como el fascismo o el nazismo; claro, no es que este deporte extremo tenga las mismas implicancias, pero sí parece alimentarse en conceptos de antaño como la disciplina, el orden, la fortaleza a todo costo y la euforia. ¿Qué pensar entonces de un deporte grupal que incentiva a pasarla bien y a dar lo mejor de uno mismo para el grupo pero que a la vez impone un código de conducta copiado del ejército, donde el individuo aplaca sus limitaciones exigiéndose al máximo?

“Entiendo que Tough Mudder no es una carrera sino un desafío”, empieza diciendo el juramento. “Coloco al trabajo en equipo y a la camaradería por encima de mi propio tiempo para terminar el trayecto”, sigue. “No me quejaré; los niños se quejan”, prosigue. “Ayudaré a mis compañeros del Mudder a terminar su curso”, insiste. “Superaré todos mis miedos”, alega, como si eso fuera un acto automático. Y a eso sigue la serie de desafíos físicos, de los cuales pueden participar jóvenes, viejos, personas con alguna discapacidad, hombres y mujeres, todos juntos. “Cuántos más seamos, mejor”, arenga el programa, que, como en un curso de seducción, grita en letras mayúsculas: “Terminar el trayecto se siente ASÍ de bien”, y luego agrega palabras como “euforia” o “éxtasis”.

 

 

La idea parece ser que todos podemos hacerlo, y que el beneficio es que nos saca de nuestras zonas de confort. Las pruebas incluyen saltar a través de un agujero de fuego, correr dentro de una rueda gigante de hamster, reptar, trepar clavando dagas en una pared, atravesar un campo cubierto de humo y otras tantas pruebas que portan los hermosos nombres de Fuego en tu hoyo, El liberador, Beso de barro, Terapia de Electroshock, Enema Ártico, Escalera al infierno o Trueno Engrasado.

¿Qué opinan? ¿Es bueno este furor por el cuerpo y el espíritu comunitario o hay algo de secta y de idealización de lo militar?

Visto en Metro News

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