Opinión

Contate otro, por Luisa Stegmann

 

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Contate otro

Nadie duda del poder de los relatos. La cultura está hecha de historias. Los cuentos que escuchamos de chicos forman parte de nuestras primeras fantasías y deseos.

Yo de chica quería ser varón. No porque no me identificara con mi género, sino simplemente porque quería jugar al rugby, quería una barra en la puerta de mi cuarto y quería los beneficios que sentía que los hombres tenían. Porque las chicas no pueden sentir deseo sexual o agarrarse a trompadas, porque las chicas tienen que tener cuidado y modales y miedo.

Con el tiempo fui entendiendo el porqué del miedo, y fui incorporándolo también. Porque ese miedo es instinto de supervivencia en una sociedad profundamente machista como la nuestra. La primera vez que vi un pene fue en un colectivo, a las 2 de la tarde, cuando iba al colegio. Estaba sentada con una amiga y había un hombre parado al lado de nuestro asiento, masturbándose. Teníamos 13 años.

Todas convivimos con el miedo, y educamos a nuestras hijas para que tomen precauciones. ¿Pero cómo estaremos educando a nuestros hijos para que estas cosas sucedan?

Yo creo en el poder de las historias. Creo que ayudan a forjar nuestra realidad. Por eso considero importante que las mujeres tengan más espacios en los medios, y no para bailar semidesnudas. Que existan más modelos posibles y menos sorpresa cuando nos encontramos con una mujer fuerte (es interesante el testimonio de Joss Whedon, guionista de “Buffy la cazavampiros”, entre otras ficciones, sobre cómo se enfrenta constantemente con la pregunta de cómo llegó a pensar en un personaje femenino fuerte… porque es algo extraordinario, novedoso, osado… ¿en serio?)

Que podamos ver y leer más sobre mujeres que hacen historia, que cambian la realidad, que inspiran… más heroínas y menos víctimas.

La comunicación es un instrumento, cómo queremos hacerlo funcionar es una decisión. Proyectos como Buendiario cuestionan el uso de la información, y la ponen a trabajar en función de una mirada más optimista. Porque los cambios en la sociedad se construyen con información y educación. Precisamos entender el poder que tienen las palabras y aprovecharlas para moldear otras visiones, para deconstruir prejuicios en lugar de repetir discursos y fomentar miedos. Cuanto más abracemos la diversidad, cuanto más comuniquemos sobre las alternativas, cuanto más alberguemos nuevos modelos, más iremos achicando la brecha de la desigualdad, esa que establece lo que debe ser y marginaliza a todo lo otro, exponiéndonos a sufrir las consecuencias en el cuerpo.

 

Luisa Stegmann

Feminista, comunicóloga y adicta a escribir. Con 32 años sigo buscando mi vocación. Actualmente soy voluntaria en Nepal, trabajo junto a una ONG para la visibilidad, reconocimiento e implementación de los derechos humanos de las mujeres. Podés acompañarme en la experiencia en mi blog luimanntour.tumblr.com

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