Efemérides bd

Contacto en Roma. El fin del Conflicto del Beagle.

El primer año del gobierno de Raúl Alfonsín, 1984, es recordado como un año lleno de esperanzas. La dictadura había quedado atrás, la economía le daba un respiro temporal a la sociedad, se empezaba a correr el velo y a ver con una mirada real las consecuencias de siete años negros para que los militares paguen los platos rotos y Maradona la rompía en Barcelona e ilusionaba a todos a dos años del Mundial. También fue el año en el que se sanaron viejos rencores con naciones hermanas por cuestiones limítrofes. El Conflicto del Beagle, motivo por el cual Argentina y Chile estuvieron a horas de un enfrentamiento bélico, había terminado.

Por Nicolás Moretti.

 

 

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Dos dictaduras y la locura de la guerra. Finalmente prevaleció la paz.

 

 

 

La disputa por el canal de Beagle entre las dos naciones duró un siglo. Extendernos en todos los puntos históricos, administrativos y diplomáticos de cien años sería un tedio absoluto y vamos a liberarnos del mismo. Pero tampoco podemos detenernos solamente en el punto final del conflicto si quisiéramos transmitir la importancia de este acuerdo de forma apropiada. Vayamos entonces siete años atrás, a 1977.

 

Ese año, la reina Isabel ll de Inglaterra se expidió e hizo público el laudo arbitral sobre la disputa de la soberanía por el canal que une el océano Atlántico con el Pacifico. El mismo había sido solicitado por los dos gobiernos en 1971 después de décadas de negociaciones que no llegaron a nada. Ambos países entendían que el Reino Unido era el juez más ecuánime y que su clarividencia y experiencia en problemas de este tipo haría que ambas partes quedaran satisfechas. Fue un error garrafal. Los ingleses, en estos asuntos, nunca dieron puntada sin hilo. El fallo concedía la propiedad de las islas del canal a Chile (su aliado estratégico en Sudamérica) y, en compensación, otorgaba a Argentina modestos derechos de navegación sobre aguas oceánicas. El gobierno militar de Videla declaró nulo el laudo y fue éste el verdadero motivo de la beligerancia argentina. Pero… ¿fue ésta la causa, o sólo fue un pretexto para una decisión de guerra que ya estaba tomada por la dictadura argentina?

 

 

Las internas de las dictaduras en los dos países necesitaban excusas para seguir justificando su belicismo puertas adentro. No les alcanzaba con el genocidio que estaban llevando a cabo contra sus propios ciudadanos. Si a esto se le suma el ego y la necesidad de trascendencia de la mayoría de los lunáticos de alma azabache que formaron parte de la Junta Militar, se puede interpretar que no existía escenario más ideal que éste. Pinochet tampoco andaba con vueltas. Argentina decidió cerrar todos los pasos fronterizos a Chile y los ejércitos de los dos países se movilizaron hacia el sur. El hipócrita gobierno argentino, que justificó su masacre llamándola “guerra contra el comunismo”, pidió apoyo militar y estratégico a la URSS. Se compró armamento francés, israelí y alemán, lo que engrosó la deuda externa argentina en tres mil millones de dólares y facilitó abultados negociados en un sistema sin controles. La guerra estaba decidida y tenía una fecha de inicio. Diciembre de 1978.

 
Luego que el gobierno argentino se decidiera por la guerra y las negociaciones directas con Chile quedaran suspendidas, el recién electo Papa Juan Pablo ll comunicó a ambos gobiernos que ofrecía su mediación. Wojtyla, aunque no se lanzó inmediatamente a mediar y analizó con lupa la situación por temor a un fracaso, no deseaba que su pontificado comience con una guerra. Y lo logró. Nombró al cardenal italiano Antonio Samoré como responsable de sus buenos oficios. El esfuerzo de Samoré para guardar una estricta neutralidad y la experiencia del mismo en el campo diplomático llevaron las negociaciones a un puerto. Luego de entrevistarse con los dos dictadores (en Argentina debió entrevistarse no sólo con Videla, sino con los demás representantes de las armas, lo que complicaba aun más llegar a un consenso), el cardenal consiguió que se firme el Acta de Montevideo de 1979, en donde ambas partes desistían del uso de la fuerza, a no crear situaciones de riesgo para la paz y volver al status quo militar de 1977.

 

 

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El cardenal Samoré, artífice principal de la paz entre Argentina y Chile.

 

La mediación no terminaría aquí. A partir de la firma del acta, Argentina y Chile enviaron delegaciones al Vaticano para elaborar propuestas de solución al conflicto, con el Papa como mediador. Las negociaciones finalizaron en 1984, beneficiando a Chile, ya que las islas quedaron bajo su dominio aunque se le concedió a la Argentina la explotación económica de un sector de la zona.

 

El 25 de Noviembre de 1984, el gobierno democrático argentino sometió este fallo al criterio popular. Se realizó una consulta no vinculante donde prevaleció la opinión por el “si” a la aceptación de la decisión papal. El resultado fue categórico. Un 82%. Finalmente, el 29 de Noviembre se firmó en el Vaticano el Tratado de Paz y Amistad entre ambos países por sus dos cancilleres. El Senado argentino lo convirtió en ley en Marzo de 1985, y el dictador Augusto Pinochet lo promulgó en Mayo.

 

Aquí me detengo.

 

A pesar de la enorme presión interna en su país, Pinochet quería seguir en el poder a como dé lugar. Aparecieron las famosas listas de los exiliados que podían volver a Chile. Ese standard de la década del ochenta en que Pinochet dejó volver a los desterrados para hacerles sentir un silencioso pero sibilino ostracismo interno: aprecien, aunque no se lo merezcan, este país pacificado y ordenado, léase pinochetizado. Donde nadie hablaba. Esos mismos exiliados, que en plazas andrajosas de Europa hacían actos y vendían boletos por unas monedas para que un nórdico pueda tirarle dardos a los testículos tridimensionales de un precario Pinochet de cartón, entre tantas otras cosas, fueron los artífices fundamentales de la vuelta a la democracia. Sin ellos no hubiera habido plebiscito en 1988. A raíz de la solución favorable para Chile de la disputa por el Beagle, Pinochet gobernó el país durante seis años más.

 
Las consecuencias de una guerra entre Argentina y Chile hubieran sido horribles. Estaríamos recordando un conflicto regional de importancia, la disgregación de la región y estaríamos muy lejos de lo que estamos logrando hoy, la integración. Latinoamérica hubiera tardado mucho tiempo más en tomar conciencia de la necesidad de unión regional, que hoy se ve materializada con Mercosur, Unasur, Celac, etc. Pero fundamentalmente hubiera generado un odio y una enemistad entre argentinos y chilenos que duraría por generaciones.

 
Nada positivo se puede rescatar del belicismo. Nada, absolutamente. Una vez que comienza una guerra ¿Cuándo termina? ¿Termina alguna vez alguna guerra? ¿Acaso la Segunda Guerra Mundial no fue consecuencia de la Primera? Hace muchos años Albert Einstein opinó sobre la guerra: “La Tercera Guerra Mundial se va a librar con armas brutalmente sanguinarias y mortíferas, de destrucción colosal. La Cuarta se disputará con palos y piedras.”

 
¡Salud!

Un comentario en “Contacto en Roma. El fin del Conflicto del Beagle.”

  1. damian dice:

    Buena nota!
    Respecto del plebiscito pinochetista existe una interesante pelicula del director chileno Pablo Larraín: NO.
    http://www.lafuga.cl/no-la-pelicula/573

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