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Descubren cómo reconstruir una cara con solo 20 genes

Un equipo belga se adentró en los misterios de los genes que definen nuestra apariencia, y su hallazgo puede tener grandes beneficios tanto en investigaciones genéticas como forenses.

 

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Un equipo dirigido por Peter Claes, de la Universidad de Leuven (Bélgica), publicó en PLOS Genetics un trabajo en el que se relacionaban los genes con los rasgos faciales de un grupo de voluntarios.

En verdad, el trabajo se hizo al revés, de la cara a los genes: para ello se convocó a 592 voluntarios de orígenes europeos y del oeste de África de Cabo Verde, Brasil y Estados Unidos. Se limitó su edad a que tuvieran entre 18 y 40 años para no añadir un factor de estudio más, como puede ser el envejecimiento, con sus efectos en el aspecto. Se tomaron imágenes tridimensionales de sus caras y se construyeron modelos en los que se establecieron 7.000 puntos de referencia.

Por otro lado, se tomaron sus genomas (códigos genéticos), y se buscaron las variaciones en una sola letra de la cadena (los SNP, eso que en la escuela aprendíamos como A-T y C-G), sobre todo en genes que ya se sabía que estaban relacionados con la forma de la cara, por ejemplo porque tuvieran mutaciones que se supiera que causaban deformidades. En total, se centraron en 24 mutaciones de 20 genes.

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Luego le tocó el turno a la informática. Una vez establecidas las mutaciones y el aspecto que tenían los mutantes (todos lo somos de alguna manera; si no seríamos todos iguales) se escribió un algoritmo informático que lo relacionaba. Cuestiones como la altura de los pómulos, la separación de los ojos o el ancho de la nariz fueron codificados.

Esta nueva herramienta podría ser útil en áreas que van desde la paleontología hasta la criminología forense.

Que el trabajo es prometedor lo destaca el paleoantropólogo Antonio Rosas. “Es muy interesante. Es de las primeras veces que se combinan dos metodologías tan potentes y tan diferentes: la secuenciación genética y la morfometría geométrica, que es la manera de aprehender la forma de la cara y relacionarlo con la información genética. Ahí está su potencial de futuro”, apunta.

El primer paso está dado, pero queda el ajuste fino.

“Si quisiéramos extrapolar a individuos europeos, en vez de decenas de genes necesitaríamos centenares o miles”, apunta Lalueza. Hasta ahora el estudio sólo fue conducido dentro de la población sudafricana, donde la mezcla étnica permite estudiar muchas mutaciones en pocos individuos. Pero para poder realmente reconstruir cualquier cara habría que tener una selección de miles de sujetos de estudio de múltiples partes del mundo.

Sin embargo no cabe duda de que esto es un enorme avance en un campo que todavía ofrece muchos misterios por resolver.

Visto en El País

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