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Colombia repuebla zona de tragedias con casas gratuitas

El Salado, localidad del departamento de Bolívar, vivió una tragedia cuando en el año 2000, más de 400 paramilitares torturaron y asesinaron a un centenar de personas. Hoy Colombia revive a la región gracias a un programa de viviendas gratuitas.

 

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Cuentan los vecinos de El Salado que durante dos años el pueblo quedó vacío. Sucedió justo después del 18 de febrero de 2000, cuando cerca de 450 paramilitares entraron a sangre y fuego y escribieron otro execrable capítulo en la historia de la violencia en Colombia. Unas 100 personas fueron torturadas hasta la muerte durante cinco días. En el 15º aniversario de una de las peores masacres del país, esta vereda a una hora de la costa caribeña, celebró el jueves una jornada de fiesta. Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, decidió terminar su plan de 100.000 viviendas gratuitas en “esta simbólica localidad”, según sus propias palabras.

En una nueva placita, enmarcada entre algunas de las 100 casas entregadas, los habitantes de El Salado buscaban sitio y resguardo del sol bajo una carpa instalada para los fastos por el Estado. Los agraciados y los que simplemente venían a compartir la jornada de fiesta vestían camisetas blancas con el lema “Cumplimos” que varios funcionarios les habían entregado en la entrada del evento. Mientras esperaban la llegada del presidente colombiano, los saladeros repartían sus historias entre la multitud de periodistas y sus hijos seducían al personal con sus sonrisas y sus travesuras. Los aproximadamente 1.200 habitantes de este pueblo de chozas de paja y palos, calles sin asfaltar y alcantarillado por instalar, comparten una historia similar. Todos son víctimas de la violencia, el desplazamiento y la pobreza endémica consecuente.

Muchos se fueron de la zona debido al dolor, pero ahora volvieron a El Salado y tienen la posibilidad de recibir una casa de 76 metros cuadrados con dos habitaciones, un salón y zona exterior para la cocina y el patio de ropas. Las viviendas se entregaron por sorteo, y buscan dar algo a quienes viven en la pobreza extrema, víctimas de la violencia y del desplazamiento. El ejército azul, formado por funcionarios del departamento de Prosperidad Social (ANSPE), se encarga de verificar cada caso antes de incluir a los seleccionados en el bombo que decidirá su futuro.

Santos no quiso agradecimientos, dijo que era un funcionario público y que estaba al servicio de los ciudadanos. Las familias que ocuparán estas casas solo tendrán que asumir el coste del agua y la luz, no tendrán que pagar el alquiler hasta pasados 10 años, momento en el que podrán vender o alquilar las casas. “El Salado es una pequeña maqueta de Colombia”, ejemplificó Claudia García, directora de la Fundación Semana, organización que desde hace más de un lustro trabaja en la zona con programas de reconstrucción. Este pequeño territorio intenta sobrevivir al olvido no solo recuperando la rutina que una vez la violencia les negó, también sirve de laboratorio para el resto del país.

Volver a habitar los espacios, trabajar la tierra, recobrar la fe en el lugar donde uno vive: de eso se trata construir la memoria y recuperar un poco la esperanza.

Visto en El País

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