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Código Bielsa: a 16 años del comienzo de una gran era

Cuando a fines de 1998 Marcelo Bielsa tomó la conducción de la Selección Argentina todos los apasionados por el fútbol sentimos cierta apatía. Su llegada no generó ningún rechazo, pero tampoco expectativa y mucho menos ilusión. No porque nos resultase ajeno o desconocido, simplemente considerábamos que había otros apellidos con más renombre para hacerse cargo del equipo nacional después del Mundial de Francia. Incluso no nos hubiéramos quejado tanto si Passarella continuaba. Su ciclo cargó con el peso de ser el primero sin Maradona y aún así se formó un equipo con cierta identidad y jugadores más que interesantes. Bianchi era el pedido por todos. Pekerman, si Bianchi decía que no como finalmente dijo, también. Ramón Díaz tenía, para los exitistas, pergaminos suficientes para ser el elegido. Pero, ¿Bielsa? Bueno. La intuición y el imaginario popular se equivocan cada tanto.

Por Nicolás Moretti

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Bielsa había sido dos veces campeón con Newell´s, su gran amor, y con Vélez. Con el equipo rosarino llegó a la final de la Copa Libertadores en 1992 y la perdió por penales con San Pablo. También había dirigido en México, en Atlas y América. En Atlas llevó adelante un trabajo integral, donde también ocupó el cargo de director deportivo del club. Su interés por la formación de jugadores era evidente y de este trabajo México se nutrió de futbolistas tales como Rafa Márquez o Jared Borguetti. La Federación de ese país le ofreció tomar las riendas de su seleccionado en 1995, oportunidad que Bielsa declinó.

Sus equipos jugaban bien y era un entrenador en ascenso aunque con poco marketing. Sinceramente nadie, pero nadie absolutamente, pensó en el cuándo Passarella presentó su renuncia después de la derrota con Holanda en el Mundial. Ni siquiera él mismo. Luego del Mundial arregló un contrato por 3 años para dirigir al modesto Espanyol de Barcelona. La sapiencia y la confianza de José Pekerman, que se negó a conducir la Mayor y pidió seguir en los Juveniles, hicieron posible la llegada del rosarino al banco que todos los entrenadores desean.

El 3 de Febrero de 1999 Bielsa debutó en el banco argentino en un amistoso contra Venezuela en Miami. Poco diremos de este intrascendente partido que Argentina ganó 2 a 0, sólo lo señalamos como el inicio del ciclo más agridulce y polémico que haya tenido la Selección en toda su historia.

Evidentemente todos estábamos acostumbrados a otro tipo de conducción. Todos: jugadores, periodistas, dirigentes, hinchas. Que el entrenador de la Selección Argentina brinde conferencias de prensa que duraban horas, parecidas mas a un seminario universitario que a una charla de futbol, y diga cosas tales como “en la sociedad hay gente noble, franca y también oportunistas. Cuando hay victoria es de todos, cuando hay derrota es de unos pocos, ese es un principio que le hizo mucho daño al pueblo argentino” nos pareció excepcional a muchos e insólito a otros. Sin embargo a nadie le resultó innecesario o demagógico. Desde el primer día que escuchamos hablar a Bielsa nos dimos cuenta que no necesitaba conformar a nadie y que su visión del fútbol podía ser discutible, como todas, pero absolutamente transparente.

Pero el show le ganó la batalla a la información hace bastante tiempo. Bielsa, acaso a su pesar, se convirtió igualmente en “personaje”. Y las reglas del juego ya son conocidas: el personaje vale mientras gana. Sin el establishment de la prensa y sin prestarse nunca al negocio de la compra y venta de jugadores, Bielsa precisó como pocos del resultado para que no se lo coman los leones.

Y los resultados también avalaban sus dichos. Luego de la eliminación en la Copa América de 1999 con mayoría de futbolistas del ámbito local, algo que estaba en desuso desde Menotti, Bielsa y sus dirigidos desarrollaron un fútbol arrollador en cada presentación. Las Eliminatorias para el Mundial de Japón fueron una sinfonía de juego agresivo y de goles por doquier. Argentina metió por lo menos un gol en todos sus partidos y el vértigo era marca registrada. Velocidad, empuje y tenencia de pelota en campo rival. Hasta el arquero era ofensivo. Sólo perdió con Brasil, de visitante, por 3 a 1. Los tres goles brasileños fueron de contragolpe. Por pedido del entrenador y como consecuencia de su enorme exigencia, la Selección disputaba amistosos contra las grandes potencias mundiales ganando la mayoría, desplegando su idea futbolística por todo el mundo y sorprendiendo a todos. Nunca se le hubiera pasado por la cabeza jugar un amistoso contra Hong Kong o Qatar como sucede hoy.

Cuando llegó el Mundial en 2002 el planeta futbol imaginó a Argentina como el campeón sin discusiones. Ni siquiera como favorito. Lo que pasó finalmente fue lo más doloroso e inconcebible que vivió nuestra Selección.

Integrante del grupo más difícil de la historia de los Mundiales, Argentina quedó afuera en primera ronda. Todos advertimos cierta tozudez del entrenador en esta inesperada eliminación. Nigeria, Inglaterra y Suecia le habían tomado la mano a la Selección. Cinco jugadores clave se lesionaron en la preparación previa. Cuestiones tácticas: Crespo como suplente de Batistuta y nunca juntos, un cambio inesperado de arquero a días del debut, jugadores de gran rendimiento que se quedaron afuera de la lista como Riquelme y Saviola, por ejemplo. La convocatoria de un Caniggia frágil físicamente, con casi 40 años de edad. Morir con las botas puestas. Algo similar ocurrió en el Mundial de Sudáfrica con Chile ocho años después, pero eso es otra historia.

Buena parte de la prensa sacó los cuchillos que tenía guardados. Y Bielsa volvió a sorprender a todos.
No hubo ratas huyendo del barco. No hubo acusaciones de unos contra otros. Ni vendedoras intimidades o confesiones a través de las cuales la prensa se haga un banquete. Bielsa se confirmó allí como conductor de grupo. Lo hizo sin necesidad de promocionar “códigos de vestuario”, consejos paternalistas ni operaciones mediáticas. Ayudó a mostrar una infrecuente cara digna del fútbol. Y lo hizo en la peor derrota deportiva de nuestro deporte más popular, donde todos quedaron desnudos.

 

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La dirigencia de AFA volvió a confiar en él y Bielsa continuó siendo el entrenador nacional, algo inaudito luego de semejante catástrofe. Y no porque no hubiera candidatos potables para sucederlo. Todo lo contrario. Fiel a sus convicciones, la Selección no mostró cambios en su funcionamiento y ningún jugador se quejó. Nuevamente Argentina era una aplanadora en las Eliminatorias, llegó a la final de la Copa América que se escapó faltando dos minutos y en Atenas logró la proeza del oro olímpico, sin goles en contra. Con este título Argentina se convirtió en uno de los pocos equipos que ganó por lo menos una vez todas las competencias que pudo disputar.

Marcelo Bielsa puso fin a su ciclo en la Selección en 2004 de manera sorpresiva luego de una aplastante victoria en Perú, a mitad de la Eliminatoria. Alegando falta de energías, Bielsa se recluyó durante casi cuatro años, visiblemente golpeado en su ser por lo ocurrido en Japón, totalmente lejano a cualquier propuesta de trabajo. Había comenzado a dar rodaje en la Selección a una camada nueva de jugadores y su trabajo quedó en las prudentes manos de José Pekerman.

Ya posicionado como un entrenador de culto a nivel mundial, Bielsa salió del ostracismo y condujo los destinos de Chile, clasificándolo al Mundial de Sudáfrica después de 12 años y cumpliendo un papel digno en el campeonato. Eliminado a manos de un Brasil que le había ganado siempre desde su especulación, Bielsa continuó defendiendo sus ideas futbolísticas casi con obstinación.

Siempre especial e involucrado con los contextos de las instituciones en las que eligió trabajar, Bielsa no escondió sus ideologías políticas y culturales. Esto quedó demostrado en sus elecciones a la hora de dirigir o de renunciar. Se alejó de Chile por un cambio en la conducción dirigencial en ese país y migró a España donde causó sensación en el Athletic de Bilbao, equipo con el que disputó dos finales, una de ellas continental. Actualmente vuelve loca a la afición del Olympique de Marsella, el club más popular de Francia, caído en desgracia desde hace unos cuantos años con el que pelea el campeonato de la Liga francesa.

La relación entre Bielsa y Newell´s siempre fue de amor puro. Hijo de la casa, fue fundador de una escuela ideológica de entrenadores y el estadio del equipo rosarino lleva su nombre. De los 37 futbolistas que Bielsa dirigió en su etapa como entrenador en Newell´s entre 1990 y 1992, 20 son entrenadores y el resto forma parte de algún cuerpo técnico. Entre ellos el actual entrenador de la Selección, Gerardo Martino. A todos les transmitió el gen de la docencia, de enseñar y de aprender.

La marca registrada Bielsa ya es mundial. Todos los grandes jugadores o entrenadores de futbol sienten admiración o curiosidad por Bielsa y sus métodos de trabajo. También por su honradez, algo escaso en todos los ámbitos. Cualquier futbolero es capaz de reconocer un equipo de Bielsa con solo verlo parado en el campo. No importa si tiene razón o no en jugar así. Su razón pasa por otro lado. Bielsa tiene razón porque dice lo que piensa y hace lo que dice. Y esa coherencia lo hace digno. Digno de ganar y de perder. Pero siempre digno de participar. De tanto escuchar que le dicen Loco, por su apodo, más de una vez pienso que los locos somos nosotros.

¡Salud!

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