Buen Samaritano

Ciudadanos griegos rescatan a inmigrantes ilegales

Sin prejuicios ni nacionalismos, civiles del país europeo pusieron en riesgo sus vidas para salvar a inmigrantes africanos que llegaron a sus costas escapando de su ardua vida. Un ejemplo de humanidad y fraternidad.

 

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La imagen que simboliza todo

 

A veces una imagen lo dice todo, refleja simbólicamente tanto la desesperación como el valor. En ella vemos tanto el dolor de quien escapó de una vida difícil como el coraje de quién habita las costas del Sur de Europa y que se lanza a salvar una vida, sin importar de quién se trate. La verdadera humanidad es, ante la tragedia, ver al otro como un igual, y muchos griegos demostraron en estos tiempos difíciles ser unos extraordinarios seres humanos.

La semana pasada, en la isla de Rodas, llegaron varios barcos llenos de personas de Eritrea, escapando de la feroz dictadura que los sume en la miseria y la guerra. En uno de esos barcos viajaba Wegasi Nebiat, de 24 años; dicho barco se destrozó antes de llegar a las costas. En ese momento y por casualidad, pasaba por esas playas el teniente Antonis Deligiorgis, un corpulento griego que, hacia las 8 de la mañana, divisó el naufragio. Deligiorgis había acompañado a su mujer Theodora a llevar a su hija al colegio y ambos habían ido a la costa a tomar un café. Al escuchar el estallido del barco contra las rocas costeras y los gritos de los pescadores.

En el barco no solo viajaban eritreos, sino sirios, que provenían del puerto turco de Marmaris, donde se reúnen miles de inmigrantes camino a Europa. En las costas de la playa Zefyros se produjo la catástrofe, primera imagen europea para los inmigrantes. “El barco se desintegró en cuestión de minutos, como si estuviera hecho de papel. Hacia las diez la costa estaba llena de gente, muchos habían corrido hacia donde pasó todo. Estaba la guardia costera, un helicóptero Super Puma, la brigada de ambulancias”, cuenta Antonis, quien pronto sería un héroe en la escena: “Sin pensarlo dos veces hice lo que tenía que hacer. A las 10:15 me había sacado la camisa y estaba dentro del agua”.

 

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Ejemplo de humanidad

 

Deligiorgis rescató a 20 de los 93 inmigrantes y los llevó a la costa, él solo. Se quitó los zapatos para nadar mejor en el agua cubierta de aceite, por la destrucción del barco. “El agua tenía sabor amargo y las rocas resbalaban y cortaban. Me corté bastante las manos y pies, pero solo pensaba en poder salvar a esa pobre gente”. El valiente soldado de 34 años aplicó técnicas de supervivencia que aprendió en el ejército, para poder lidiar con las altas olas que azotaban a la costa. A Wegasi Nebiat es a quien Deligiorgis rescató, llevándola sobre sus hombros, y con ella comparte la foto que simboliza humanismo y espíritu heroico.

Como si fuera poco, el griego salvó a una mujer embarazada, que dio a luz en un hospital de Rodas. La mujer de Eritrea, en señal de agradecimiento, nombró a su bebé Antonis, en honor del héroe del día. La acción del fornido soldado no solo ha ayudado a los africanos, sino también a la moral de lo griegos, que atraviesan una fulminante crisis económica. Actos de bondad y atención hacia los inmigrantes han sido vistos toda la semana; los isleños han brindado todo su apoyo a los inmigrantes, como cuando una mujer dejó a su propio bebé desnudo para abrigar a un niño sirio. “Son almas, como nosotros”, dijo al respecto Babis Manias, un pescador que salvó a un bebé.

Deligiorgis, mientras tanto, no quiere ser llamado un héroe. “No hay nada de valentía en cumplir con mi deber como humano y como hombre”, insiste. “Nunca olvidaré sus caras, nunca”.

Visto en The Guardian

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