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Científico holandés devela el epicentro del orgasmo

El neurocientífico holandés Gert Holstege lleva décadas estudiando qué pasa dentro del cerebro de hombres y mujeres en el momento del clímax sexual, y ahora finalmente llegó a fascinantes descubrimientos.

 

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Holstege, un estudioso del placer sexual

 

Ya a finales de los años setenta empezó Holstege a estudiar el acto sexual. El científico de la Universidad de Groningen estudió a los animales y acabó pidiendo a parejas que tuvieran sexo delante de él, con el fin de escanear sus cerebros mientras llegaban al orgasmo. “Respondió gente de todo el país, fue mucho más fácil de lo que yo esperaba”, relata el neurocientífico sobre los experimentos que realizó en 2000. Pero no se detuvo allí.

Holstege eligió a 11 mujeres heterosexuales diestras y tantos otros varones, también heterosexuales. De pie y metidos en un escáner (PET) debían dejar que su pareja les acariciase hasta alcanzar el orgasmo para que la actividad en sus cerebros quedase grabada. “Tuvieron que ensayar antes de realizar los experimentos pues la máquina sólo grababa durante dos minutos y era mucho mejor si el orgasmo llegaba en los primeros 30 segundos”, relata Holstege. Ahora se sabe que, al contrario de lo que se pensaba, el orgasmo no se traduce en un frenesí de actividad cerebral sino más bien en un gran apagón.

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Hicieron falta diez años más para tener la tecnología para detectar el lugar exacto del encéfalo que se activaba en el momento cumbre, el área del cerebro responsable del orgasmo. El estudio de Holstege, recién publicado en Journal of Sexual Medicine, apunta a un lugar del tallo cerebral conocido como tegmento pontino dorsolateral. El trabajo de Holstege demuestra que la zona izquierda de esta parte del cerebro controla tanto la eyaculación (masculina y femenina) como el orgasmo, sin apenas diferencias entre sexos. En los participantes que no lograban alcanzar el clímax en esos dos minutos no se activaba la zona en cuestión y lo mismo sucedía cuando los orgasmos eran fingidos.

A a luz de sus datos, Holstege cree que es hora de cambiarle el nombre al tegmento pontino dorsolateral para hacer honor a su función. En su estudio propone bautizar a este punto del cerebro como Centro de Estimulación de los Órganos Pélvicos, o POSC, en sus siglas en inglés.

El POSC es como una autopista nerviosa que conecta el cerebro con los órganos sexuales en los que el orgasmo se hace físico. “La función y la actividad de esta zona es básicamente la misma en gatos que en personas”, desmitifica Holstege, quien también ha mostrado que las funciones que permiten orinar se concentran en el lado derecho del POSC y las orgásmicas y eyaculatiorias, en el izquierdo, siempre y cuando la persona sea diestra.

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“Si estás en una situación de gran ansiedad tu cerebro decide que tener sexo no es una buena idea porque en parte implica que los hijos que puedas concebir tendrán una menor posibilidad de sobrevivir”, explica Holstege. El holandés también estudió en detalle la anafrodisia, o falta de deseo sexual, que afecta a “entre el 15 y el 20% de las mujeres”. Para tratar la anafrodisia no hace falta tocar el POSC, sino que hay que ir a la corteza, allí donde, según Holstege, se encuentra el centro de control consciente que permite al cuerpo dejarse llevar y tener un orgasmo. “En muchos casos es un problema psicológico, no neurológico”, concluye el experto.

Barry Komisaruk, de la Universidad de Rutgers (EEUU), qué ha estudiado cómo ayudar a recuperar el placer sexual a personas tras un accidente a través de resonancias magnéticas, ve con buenos ojos los descubrimientos de Holstege. “Actualmente estamos analizando la secuencia de actividad cerebral antes, durante y después del orgasmo para entender mejor la red de circuitos involucrada y saber qué zonas fallan y no se activan, una información que necesitamos antes de desarrollar una terapia racional contra la anorgasmia”, explica Komisaruk.

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Los estudios de Holstege no sólo ofrecerían un gran aporte al terreno sexual, sino que, apelando a una aguja que sumistre los estímulos en el momento adecuado, tiene altas chances de combatir la incontinencia en personas mayores e incluso el párkinson. Porque el buen sexo es salud, claro, y es importante que la ciencia vele por su existencia.

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