Buen Samaritano

Ciclista recauda y monta cocinas “solares” en Bolivia

José Garrido, español, recorre países del tercer mundo y junta fondos para construir cocinas sustentables que enseñan a cocinar y alimentan a la gente. Esta vez, pedalea siete días sin descanso para juntar 20.000 euros para financiar una nueva cocina en Bolivia.

 

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El ciclista e ingeniero, solidario.

 

José Ángel Garrido tiene 59 años, y lleva toda la vida pedaleando por una sociedad mejor. Bolivia, Perú, Ecuador o Guatemala son algunos de los destinos donde ha ayudado a montar 15 talleres de cocinas “solares”. ¿Qué implican? Cocinas que funcionan a energía solar y que generan alimentos para al menos unas mil personas por vuelta.

La idea original la trae desde España: las cocinas de Alsol sirven de base para proyectos de desarrollo local en los que cinco apéndices “solares” son capaces de fabricar al menos 100 cocinas “limpias”. Aprovechando estas posibilidades, y a modo de “reflexión por los más desfavorecidos”, José Ángel pedalea en su país de origen, consiguiendo apoyo económico para concretar su proyecto solidario. Luego de siete días consecutivos en el velódromo del Val de Alcalá de Henares, recaudará los 20.000 euros que servirán para montar un nuevo taller en el altiplano boliviano.

El proyecto se llama Yunga Solar, y el español de 59 años pedaleará hasta el día de Navidad para concientizar y generar donaciones para su fin. Siempre ha tenido éxito en las iniciativas que ha impulsado en varios países del continente americano. Cualquiera puede unirse a él usando una bici Brompton plegable que él provee a pie del velódromo. Los niños han sido hasta ahora los más entusiastas y le ofrecen a su paso barritas energéticas. A modo de premio, el cocinero Manuel Vílchez entrega un estofado vegetariano, que cocinó en una de las cocinas parabólicas que luego funcionan gratuitamente en las cocinas que Garrido fomenta en Bolivia y otros países.

 

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Garrido y su gran tarea en Bolivia.

 

José Ángel, que es ingeniero de profesión, rediseña las cocinas de aluminio, adaptándolas a la disponibilidad de materiales y recursos locales, y pone en marcha los talleres involucrando a las comunidades locales. “Una cocina solar es una grandísima ayuda en un lugar donde la gente tiene que caminar hasta ocho horas para cargar con leña”, asegura el español. “Las mujeres lo entienden a primera vista, y no tardan ni cinco minutos en aprender a orientarlas y sacarlas todo el jugo posible”.

Las cocinas solares, en opinión del ingeniero y ciclista, tienen la virtud de apelar a nuestro “lado utópico e idealista” y hermanarlo al mismo tiempo con una urgente necesidad como es el acceso a fuentes de energía limpias en las comunidades andinas. Garrido lleva recibiendo grandes muestras de solidaridad desde que empezó a dar vueltas al velódromo alcalaíno, y ahora apunta a alguna empresa o institución que lo apadrine, para llegar cada vez más lejos con su sueño solidario.

Visto en El Mundo

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