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China y México convierten excrementos en biogas

Ambos países por diferentes caminos han encontrado la forma de transformar desechos humanos y de otros animales en una fuente energética. Una forma de hacer útil lo inútil.

 

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African Safari, un parque de conservación y vida silvestre en el estado de Puebla (México), recicla cerca de 120 kilos de excremento de elefante al día para producir biogas que se utiliza en cocinas del parque y talleres de toda la región. Con la “producción” de tan solo nueve elefantes, el parque se abastece a sí mismo. El gas que se produce del excremento de los paquidermos genera un gran ahorro en los gastos ligados al consumo de energía, además de ser ejemplo en cuestiones medioambientales. De hecho, el organismo ya es un modelo productivo para otros establecimientos a lo largo del estado y en otros puntos del país americano.

Para producir biogas primero se debe filtrar el excremento, ya que el 60 por ciento no fue digerido por el animal. Una vez filtrado, se mezcla con agua (a razón de una balde por dos de agua) y de esta mezcla se obtienen 300 litros diarios. Después de tres meses, la materia orgánica se convierte en gas, el cual se extrae junto a otro líquido llamado biol. El biol puede utilizarse como abono en campos de cultivo y es muy útil porque es completamente orgánico y natural, además de ser fabricado por elefantes con ayuda del hombre.

China impulsa esta misma idea pero a una escala aún mayor. Con la ayuda del ingeniero alemán Heinz-Peter Mang, el gigante asiático transforma solamente en Beijing 6800 toneladas de excremento humano en fertilizante y biogas. La tarea de convertir a las heces en energía ya llega a todo el país. “El mundo tiene mucho que aprender de China en el modo en que convierte desperdicio en energía”, explica Mang, que coordina el programa desde la Universidad de Ciencia y Tecnología de Beijing. La gran migración desde el campo a las ciudades ha llevado a acabar con el tabú social.

Mang es un reconocido ingeniero ambiental, que hizo su tesis en 1982 sobre usos sustentables de desechos humanos. Tiene experiencia en África, Cuba y en China, que le dio una oportunidad única de aplicar modelos de granja y de pequeña escala a una dimensión masiva, que llevó sus descubrimientos al terreno de la revolución medioambiental. Hoy en día, más de 40 millones de hogares chinos separan excrementos humanos y animales y los privan de oxígeno, conviertiendo las sobras en fertilizantes líquidos y energía.

Beijing lleva el modelo de las granjas a uno industrial, y en eso puede fijarse el resto del mundo. Y la ciudad ha logrado convertir al asunto en un negocio, lo cual garantiza su continuidad. También inmensos composts son la respuesta: se separa la basura, y la parte sólida se deja a fermentar a 60 grados Celsius por diez días, lo cual mata a las bacterias malas y gusanos, lo cual produce ricos fertilizantes. Luego, en tanques se convierte el restante en biogas, que alimenta a toda la ciudad.

El Gobierno chino ha puesto sumo interés en que el proceso sea higiénico. Y así nace una “revolución de desechos”, como la llama Mang, con un crecimiento del 400 por ciento en años recientes. Y así, el alemán celebra que ya no haya tanto desecho que sea erróneamente desechado.

Visto en Bloomberg y Los Tiempos

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