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Chicago indemniza a víctimas de abusos policiales

Es la primera vez en la historia de EEUU que una ciudad aprueba reparaciones para presos que fueron maltratados.

 

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Chicago pagará las primeras reparaciones de la historia de Estados Unidos para compensar a ciudadanos afroamericanos que sufrieron torturas bajo custodia policial. Este miércoles la ciudad anunció la creación de un fondo de 5,5 millones de dólares para indemnizar a las víctimas de abusos en una de sus cárceles. Se trata de la primera vez en que una ciudad estadounidense indemniza a una víctima de abusos en concepto de reparaciones y puede sentar precedente en un momento clave para el país.

Más de un centenar de presos, en su mayoría afroamericanos, fueron sometidos a descargas eléctricas, ahogamiento y torturas para forzar sus confesiones en delitos que no habían cometido. El episodio más oscuro de las prisiones de Chicago ocurrió en el condado de Cook, en las décadas de los 70, 80 y principios de los 90, bajo el mandato del comisario Jon Burge.

Durante esas décadas, las sospechas contaron con la protección del alcalde y antes fiscal de la ciudad Richard Daley, que siempre rechazó las acusaciones y zanjó numerosas denuncias con acuerdos extrajudiciales. La práctica es habitual en Chicago, que sólo el año pasado destinó más de 50 millones de dólares para indemnizar a víctimas de abusos policiales. La ciudad ha destinado además otros 100 millones de dólares en recursos legales e indemnizaciones solo en casos vinculados a la etapa de Burge.

El alcalde de la ciudad, Rahm Emanuel, declaró este miércoles que las prácticas del comisario y su equipo son “una mancha que no se podrá borrar de la historia de nuestra ciudad, pero se puede utilizar como lección de lo que no debemos hacer”. El demócrata, recientemente reelegido, añadió que el respaldo de todos los políticos de la ciudad “es un paso esencial para corregir un error”.

La indemnización a las víctimas de Chicago llega en un momento de importante tensión entre la comunidad afroamericana y las fuerzas policiales del país, inmerso en una reflexión sobre la discriminación y el racismo. Las muertes de Michael Brown en Ferguson, Eric Garner en Nueva York o Freddie Gray en Baltimore, todos ellos hombres afroamericanos desarmados que perdieron la vida por un altercado con la policía, ha reabierto el debate sobre los abusos y ha inspirado nuevas demandas ciudadanas.

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El acuerdo firmado esta semana supone la entrega de un máximo 100.000 dólares a cada una de las víctimas supervivientes de los abusos del equipo de Burge -apodado “la patrulla de medianoche”- mientras estuvieron bajo custodia policial. La asamblea de Chicago aprobó el pacto de manera unánime después de varias décadas de negociaciones entre el abogado defensor de la ciudad y el representante de las víctimas.

El pacto para la reparación también incluye la creación de un monumento en homenaje a las víctimas de la tortura, ayudas económicas a sus familiares -en el caso de aquellos presos que han fallecido- y un programa para que todas las escuelas públicas de Chicago enseñen la historia del legado de Burge a los estudiantes de entre 13 y 16 años.

El comisario al que se responsabiliza con las torturas nunca fue a la cárcel por ninguno de los casos de los que se le acusa, ya que todos habían prescrito cuando llegaron a manos de un juez. Burge sí cumplió cuatro años y medio de prisión por mentir acerca de estas prácticas y por obstrucción a la justicia. Ahora reside en Florida, donde todavía recibe una pensión por haber pertenecido al cuerpo de policías.

En septiembre de 2013, el ahora alcalde Emanuel calificó el mandato de Burge como un “episodio oscuro” en la historia de la ciudad. Ese reconocimiento fue el primer paso hacia el acuerdo firmado esta semana. Poco después, en plena campaña electoral, Emanuel recibió más de 40.000 firmas en apoyo a las reparaciones como gesto para cerrar el caso.

Algunas de las víctimas que declararon ante la comisión del ayuntamiento que estudió las reparaciones hablaron de amenazas de muerte durante su detención y de policías que simulaban dispararles en la cabeza con pistolas desarmadas. En otros casos se descubrió que habían sido incriminados con pruebas falsas. Varios sirvieron condenas de prisión de más de una década por crímenes que no habían cometido.

Sus testimonios tuvieron menos eco que las muertes recientes en Ferguson o Baltimore, pero para la comunidad afroamericana dibujan un patrón de larga trayectoria. En Chicago, la Unión Americana de Libertades Civiles denunció recientemente que el 72% de los altos que da la policía son a negros, a pesar de que representan un tercio de la población de la ciudad. Según la ACLU, la policía llegó a parar el verano pasado a 250.000 personas sin detener a ninguna.

 

Visto en El País

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