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Canción con todos. La Negra Sosa y los recitales de 1982

Dentro de todo proceso o periodo oscuro siempre aparecen como destellos luminosos algunos lunares que se destacan justamente por su brillantez. Este no es el inicio de una nota acerca de los postulados morales de alguna cultura oriental. Quizás en algún momento escribamos algo por el estilo pero no en esta ocasión. En los años de la dictadura más cruel y opresora de la historia de nuestro país, Mercedes Sosa desafió el siniestro orden establecido y brindó a la población una serie de trece conciertos en el Teatro Opera. En esos shows no se interpretaron precisamente obras que tengan que ver con el contexto social y cultural de ese momento como podrán imaginarse. Repasemos entonces los detalles de este evento tan maravilloso.

Por Nicolás Moretti. 

 

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Aunque les pueda resultar obvio les recordaremos que Mercedes Sosa, al igual que muchísimos otros intérpretes de la cultura popular argentina, estaba prohibida. No corrieron la misma suerte otros colegas suyos de la música y otras disciplinas, desparecidos al día de hoy.

La Negra era una de las principales referentes y fundadoras del Movimiento del Nuevo Cancionero, una corriente renovadora del folclore, surgida en la provincia de Mendoza, que proponía dejar de lado las modas pasajeras, para poner el acento en la vida cotidiana del hombre argentino, con sus alegrías y sus tristezas. Buscaba un fin altamente sustancioso: la integración de la música popular argentina y latinoamericana en la diversidad de las expresiones regionales del país. Junto a ella se encontraban su primer marido, Manuel Matus, Armando Tejada Gómez y Tito Francia. Este movimiento causó sensación tanto en el país como en el mundo. Mercedes Sosa ya había recorrido los escenarios de Estados Unidos y Europa, que cayeron subyugados ante la impresionante voz de la tucumana.

Sus inclinaciones políticas siempre fueron muy claras. Simpatizante de Juan Domingo Perón y afiliada al Partido Comunista en la década del sesenta, Mercedes Sosa estaba bastante expuesta (sabiéndolo, no le importó) a la furia concentrada de la derecha latinoamericana de aquellos años. Aunque ya era perseguida por la Triple A, justamente por su simpatía con el comunismo, la censura total llegó con la dictadura de 1976. Fue incluida en las listas negras del régimen y sus discos fueron prohibidos. Aun así, Mercedes Sosa lanzó ese mismo año un disco con su nombre donde interpretaba poemas de Pablo Neruda, canciones de Víctor Jara (cantautor chileno asesinado por la dictadura de Pinochet), del cubano Eliseo Grenet, algunas de ellas cantadas a dúo con el brasileño Chico Buarque. Toda una provocación.

A pesar de la amenaza constante que representaba el Gobierno para su seguridad personal y para su vida, la Negra permaneció en el país hasta 1979. El hostigamiento y el cerco que se fue formando en torno a ella la obligaron a exiliarse. Ese año fue encarcelada junto con todo el público que había ido a verla cantar a La Plata. Enfiló entonces hacia Paris y luego se instaló en Madrid en 1980. Fueron los años más difíciles de su vida. El exilio fue muy doloroso para ella y su segundo marido, Pocho Mazzitelli, había fallecido en 1978. Según sus propias palabras, pensó en la posibilidad del suicidio. Pero no les iba a dar el gusto.

Grabó un hermoso disco en Francia, “A quien doy”, con la dirección musical y artística de Jose Maria Castiñeira de Dios, que le aportó un sonido renovado y un enfoque latinoamericano del repertorio que influiría decisivamente en el canto de Mercedes Sosa desde entonces. Este disco fue lanzado en la Argentina en plena dictadura, pero claro, con algunas decisivas canciones censuradas. Las interpretadas con Silvio Rodriguez, Cesar Isella, Vinicius de Moraes y Chico Buarque.

La teoría indicaba que Mercedes Sosa podía entrar y salir del país, no tenía en su contra causa judicial alguna, pero no podía cantar. Fue un castigo doble, para ella y para todos los argentinos. En un país en el que la vida humana no tenía ningún valor, y miles de ellas se perdían en las tinieblas de los campos de concentración, los usurpadores del poder pensaban que la canción con contenido era peligrosa. Por eso había que acallar a los cantores, como una manera de silenciar a la población.

La Negra recién pudo regresar a un escenario argentino el 18 de Febrero de 1982. Eran días especiales, turbulentos, pero de creciente esperanza. La dictadura estaba a punto de suicidarse con la aventura de Malvinas. En rigor, venía muy desgastada. El malestar por la situación económica, la falta de libertad de expresión y el doloroso saldo de la represión ilegal habían hecho combustión en el humor popular, con síntomas como la formación de la Multipartidaria opositora o el primer acto masivo de la CGT.

 

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Entre el 18 y el 28 de Febrero de aquel año, la prodigiosa cantante dio una serie de trece conciertos a sala llena en el Teatro Opera. Con estas actuaciones tan esperadas, y recibida con una lluvia de claveles rojos, Mercedes no solo se reencontró con su público de siempre, sino que allí la vieron por primera vez miles de jóvenes que desde entonces la convirtieron en ídola. Ella contó que su emoción era tan grande que para poder cantar tuvo que ignorar al público y no mirarlo en ningún momento. Otro rasgo distintivo de estos conciertos fue la cantidad y la calidad de los artistas invitados. Entre los convidados a tamaño evento estuvieron, entre otros, el litoraleño Raúl Barboza, Ariel Ramírez, Rodolfo Mederos, León Gieco, Charly García y Antonio Tarragó Ros. En el recital incluyó canciones emblemáticas en su repertorio: “Como la cigarra” de María Elena Walsh, “Solo le pido a Dios” y “Maria va”. También interpertó canciones de Piero y del rock nacional. “Sueño con serpientes” y “Años” de los cubanos Silvio Rodriguez y Pablo Milanes respectivamente, habían sido prohibidos por el régimen militar y en esos conciertos se dio la primera difusión masiva de esos autores en Argentina.

Mercedes Sosa priorizó lo artístico. Demostró el profesionalismo absoluto que la caracterizaba. Para cuidar la voz hablaba muy poco antes y después de cada show, y además de ensayar con todos, se tomó el trabajo de ensayar antes, por separado, con cada uno de los músicos con los que iba a actuar por primera vez. Mercedes demostró una inmensa apertura mental. Durante su exilio, y rebatiendo cualquier prejuicio y preconcepto de los que los seres humanos estamos llenos, se la podía encontrar escuchando un disco de Stevie Wonder o de los Beatles. Fue justamente a principios de los 80 cuando empezó a tener un fuerte acercamiento al rock argentino. Y con estos recitales comenzó su relación artística con Charly García, que duraría hasta su muerte.

Estos recitales fueron un hito para la cultura popular argentina, no solo en lo artístico sino también en lo social y en lo político, porque Mercedes Sosa representaba la resistencia a la dictadura. El Gobierno de Galtieri desplegó un operativo de seguridad similar al de un partido de fútbol para estos conciertos. Luego de cada uno de los shows, el público permaneció en el frente del Teatro Opera manifestándose con cánticos a favor de la democracia.

El almirante Lacoste, cancerbero implacable de la dictadura, preguntó: ¿Quién dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país? Esta pregunta llegó a oídos de la Negra, que tomó la decisión de volver al exilio, breve esta vez. A principios de 1984 volvió para no irse jamás y se dedicó a una larguísima gira nacional en la que convocó a mucha gente joven, en ceremonias que tenían mucho de acto cívico y libertario.

Como documento para la posteridad quedó un hermoso disco titulado “Mercedes Sosa en Argentina”, editado por Phillips y producido por Daniel Grinbank, que se puede conseguir en cualquier disqueria.

Esperemos que lo disfruten. Estamos seguros que no les va a costar.

Hasta la próxima.

¡Salud!

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