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Camus, el extranjero de su propia vida

Resulta realmente asombrosa la capacidad que pueda tener un texto de encontrar múltiples interpretaciones. Lo mismo sucede con la música; una letra puede significar amor para alguno y odio para otro. Da igual, pareciera. Como sabrán, lograr algo por el estilo requiere de una capacidad creativa impresionante. Pocos son los que pueden sentarse y, de un plumazo, escribir un texto que pueda decir muchas cosas al mismo tiempo. Albert Camus fue uno de estos privilegiados. Lejos de querer agraciarse con la sociedad de su época, tuvo un estilo punzante y espinoso. En su primera novela, Camus pateó el tablero y puso frente a los ojos de su comunidad, de manera abrupta, su indiscutible realidad. Se podía estar de acuerdo o no, pero en detalles, en ángulos. Algunos lo aceptaron más fácilmente, otros aun siguen sin recoger el guante, apelando a la multiplicidad de apreciaciones mencionada antes, o simplemente a la hipocresía. Pero nadie podrá decir que era mentira.

Por Nicolas Moretti

 

El extranjero fue la primera novela de Albert Camus, publicada el 4 de Marzo de 1942, basada en un ensayo de su autoría llamado “El mito de Sísifo”. Nacido en Argelia, Camus y toda su obra estuvieron notablemente influenciados por la realidad de este país, colonia francesa en aquel entonces. Principalmente Camus fue un dramaturgo absorbido por una tendencia clara: el existencialismo. Intentó defender en muchos de sus escritos, y en su propia vida, la teoría del absurdo fundamental de la existencia humana. Estuvo atravesado por varios de los conflictos más colosales del siglo XX, actuando en todos ellos según los estándares de su escala de valores moral, huyendo contundentemente de cualquier clase de partidismo.

Fue activo participante de la Resistencia francesa en los años de la ocupación nazi. Luego de la guerra, Camus fue investido por convención social como el portavoz confiable de la nueva generación, algo de lo que el argelino nunca se hizo cargo. Era apolítico, algo casi imperdonable para la polarizada sociedad de la posguerra. Su postura ambigua frente a la liberación argelina años más tarde, sería interpretada como una traición por los sectores más jacobinos, de un lado y del otro.

Pero hablemos de El extranjero.

 

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Esta novela plantea a la realidad como algo incoherente y necio. Su protagonista, Mersault, es un ser humano absolutamente anodino frente a los sucesos en los que se ve involucrado, muchos de ellos trascendentales para la vida de cualquier persona. La muerte de una madre, un casamiento, quitar una vida, la propia muerte, nada hacía que Mersault salga de su escepticismo total. ¿Acaso la sociedad de 1942 no tuvo frente a sus ojos infinidad situaciones límite, infinitamente peores, reaccionando insípidamente? ¿Esta realidad es un recuerdo lejano, o es perfectamente aplicable a los tiempos que corren, totalmente tomados por una lógica casi inhumana?

La respuesta está al alcance de todos, queridos lectores. Indudablemente Camus denunció el olvido del que el individuo fue y es víctima, sumergido en un método que ni siquiera sabe cómo funciona. Simplemente existe, casi encadenado a un mandato social que lo abandona a su suerte. Y dentro de este estado cualquier cosa es posible. Incluso ser condenado a muerte por pensar y sentir diametralmente distinto al resto de los humanos. Imagínense como habrá sido la reacción de los lectores de aquella época ante semejante sacudón. Un temblor.

Por supuesto que las consecuencias sociales de esta novela fueron y son positivas. Ante todo, cualquier esclarecimiento o cambio de rumbo hacia una humanidad más solidaria es, desde ya, provechoso. Para limpiar una cloaca es necesario ensuciarse, y hacia allí fue Camus, reflejando sencillamente la objetividad de aquellos días. Un trabajo sucio que alguien tiene que hacer, como diría algún policía rudo de una película de acción de sábado a la tarde.

Albert Camus, como ya dijimos, era argelino. Argelia fue un polvorín hasta el momento de su independencia de Francia en 1962 con los famosos acuerdos de Evian. Infinidad de soldados y civiles argelinos fueron participes centrales en la liberación de Francia, ocupada por Hitler. La gran mayoría de estos argelinos tenían un profundo compromiso hacia Francia, país del que eran ciudadanos, en los papeles pero sobretodo en el corazón. Casi la totalidad de los argelinos que colaboraron para la llegada de la libertad francesa fueron tratados con un gran desprecio por parte del país al que habían ayudado y del que eran “oriundos”. Su país les decía a gritos que eran franceses clase B, y que debían volver a la colonia. Camus fue uno de estos tantos argelinos, considerado prácticamente un intruso en su propia tierra y tratado como tal.

Algo similar ocurre hoy en Francia y en otras naciones europeas. Si bien el modo en el que la comunidad argelina fue denigrada luego de 1945 desembocó en una causa noble (aunque demasiado sangrienta) como lo fue la independencia de Argelia, el menosprecio hacia una parcialidad puede conducir a que germinen sentimientos profundamente negativos y peligrosos.

Los que ya leyeron esta obra sabrán de lo que hablamos. Los que todavía no tuvieron la oportunidad, no lo duden. No es un texto hostil, al contrario. La lectura es una búsqueda por el conocimiento, por el placer. Camus lo otorga en cada página de ésta y de todas sus obras. No está de más leerlo y nunca lo estará.

El ciudadano occidental, tremendamente afectado por la Segunda Guerra Mundial, las tendencias económicas y políticas posteriores, las modas, los estilos de vida y demás influencias, puede encontrar una manera de “recalcular” la dirección de su cotidianeidad en la lectura de El extranjero. La voluntad del hombre siempre ha sido el motor de los acontecimientos más hermosos y los más horribles. El extranjero es la muestra de hacia dónde puede llegar un individuo privado de la pertenencia activa en una comunidad. Existen elementos de alienación en el mundo actual que tienen esta tendencia, desde ya. Conocerlos e identificar sus consecuencias es muy útil, porque también existe el otro polo hacia donde todos tenemos que conducir nuestra voluntad y no ser extranjeros de nuestra propia existencia.

Hasta el próximo capítulo.

¡Salud!

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