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Caligrafiti: el arte de hacer grafitis medievales

Niels Meulman, un grafitero holandés, decidió inspirarse en textos medievales y trazó así puntos de contacto entre ambas prácticas. El resultado no sólo es sorpredentemente armónico, sino hermoso y llamativo.

 

 

Una de las últimas piezas de Meulman es una especie de pancarta de 13 metros de altura hecha con pintura de colores brillantes, que fue trasladada a Newcastle-upon-Tyne, para ser instalada en el Castillo Keep, una fortaleza fundada en el año 1168 por Enrique II. Se trata de un tributo moderno al prólogo del Evangelio según San Juan que dice que “en el principio era la Palabra”.

El artista, también conocido como Shoe (“zapato”, en inglés), creció en Amsterdam, Holanda, en la década de 1980, y con el tiempo llegó a admirar el trabajo de los escribas encargados de copiar textos religiosos en la Inglaterra medieval. “Hay una similitud entre el que escribe grafitis y el que escribía a mano aquellos textos. Ambos vemos a las palabras como imágenes”, compara el holandés.

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Tomando como punto de partida a los Evangelios Lindisfarne, un manuscrito de 1.300 años de antigüedad, Shoe desarrolló sus últimos trabajos, usando letras que se funden unas con otras, formando palabras y dibujos a la vez. Así nace el “caligrafiti”, una forma de arte que concibió en 2007 y que, como lo indica su nombre, es una fusión entre la caligrafía y el grafiti. El artista realizó cinco piezas de gran tamaño, inspiradas en los Evangelios Lindisfarne, que hicieron parte de una muestra itinerante para celebrar el regreso del afamado libro a la que se considera su tierra de origen, hace unos meses.

 

 

Del antiguo poema monástico galés Pangur Bán, compuesto por un monje irlandés, el artista obtuvo la frase “Turning Darkness into Light” (“Convirtiendo la oscuridad en luz”), y que da razón a su trabajo. Shoe siente que, como los monjes que pasaban horas trabajando en manuscritos para difundir la palabra de Dios, también los grafiteros están dedicados a una causa. “Para la gente es difícil entender cómo un artista de grafiti se pasa la noche a la intemperie pintando y se arriesga a que lo agarre la policía y ni siquiera le pagan por hacerlo”, dice.

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Además de ser un tributo a Dios, Shoe vio en los textos una celebración de la naturaleza y de la belleza de los contrastes entre la noche y el día, entre el bien y el mal: asuntos de los que un hombre medieval seguro estuvo bien interiorizado. El grafitero hizo cinco interpretaciones de los escritos, financiadas por el Consejo de las Artes de Reino Unido. Un verdadero hallazgo, que traza puentes entre dos estilos que se parecen más de lo que uno podría pensar.

Visto en BBC

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