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Bariloche: una escuela da clases de solidaridad

El colegio técnico funciona a instancias de una fundación. Estudian y además desarrollan sus habilidades en beneficio del otro.

 

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Dos años atrás la escuela técnica Nehuén Peumán recibió el galardón presidencial de “escuela solidaria” y continuó con su gestión bajo la premisa de que las habilidades de los alumnos ofrezcan ayuda a la comunidad.

El colegio nació por el interés de un grupo de madres de barrios del Alto para que los chicos terminaran el secundario con un oficio y se logró que fuera una escuela técnica que otorga el título de Maestro Mayor de Obra homologado por el Ministerio de Educación, bajo la órbita de la Fundación Gente Nueva, que tiene una amplia oferta educativa de carácter social en la ciudad.

Hoy la escuela tiene 289 alumnos. El año pasado se recibió la primera promoción y cuenta con una capacidad de ingreso para 60 alumnos cada año, una oferta muy por debajo de la demanda que este año llegó a 140 chicos que pugnan por ingresar en 2015.

La escuela está ubicada en el barrio Quimey Hue, lindera al terreno que los vecinos transformaron en plaza a pesar de que el municipio pretende construir allí una casa terapéutica de la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico).

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El día a día es una tarea intensa, con una carga horaria de entre 8 y 11 horas, dependiendo el año, con materias curriculares y talleres de la modalidad a contraturno. Pero acá no se conforman con los saberes en el aula por eso se buscan de manera constante proyectos de “solidaridad” con la comunidad para que los alumnos desarrollen sus habilidades en beneficio de otros.

Así llegaron el año pasado al paraje Laguna Blanca, donde construyeron e instalaron juegos de plaza, la mayoría con material reciclable y recientemente elaboraron marcos gigantes para fotografías que ambientarán la sala de Oncología del hospital. Ahora los chicos -de tercero y quinto año, con el taller de Construcciones- están abocados a una tarea para el conjunto del alumnado: la construcción natural de una sala que oficiará como centro de estudiantes. La sala que ya fue levantada en su totalidad tiene una estructura de tronco relleno con botellas plásticas y revocado con adobe, y luce un llamativo “techo vivo” recubierto con césped.

La escuela además proyecta armar una bloqueadora para fabricar ladrillos para un destino “social y solidario”, contó Giuliante quien destaco el empuje de los padres para sostener la escuela y el interés de los alumnos.

La vicedirectora Gabriela Nis también valoró el impulso de los padres que colaboran con la realización de bingos o rifas para contar con recursos para mejorar el colegio, que está construido en una tercera parte del proyecto original y que comenzó a funcionar en 2008 cuando ni siquiera tenía sillas y debieron pedir prestadas a otra escuela.

“Es un colegio de gestión social con la comunidad colaborando permanentemente con la escuela, que se terminó de construir con la ayuda de los padres”, señaló Nis que además es profesora de Lengua e Inglés.

 

Visto en Río Negro

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