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Ayuntamiento de Madrid abre refugios para los sin techo

En tiempos de crisis económica y bajas temperaturas, centros por toda la ciudad dan techo, comida y atención a quienes más lo necesitan.

 

 

El centro de acogida para personas Pinar de San José, entre los distritos madrileños de Cuatro Vientos y Latina, es uno de los espacios preparados para que personas sin techo puedan atravesar el duro invierno. Allí viven 130 personas, que se protegen del frío y se alimentan en un comedor común. El centro se especializa en la atención de personas que dependientes, u otras que tienen enfermedades mentales o graves problemas con el alcohol.

También se alojan en centros de este tipo personas con discapacidad, a las que se les ofrecen servicios gratuitos de atención médica. “El 18 de febrero tengo cita con mi endocrina”, cuenta Dionisio, de 57 años, quien perdió las piernas a causa de la diabetes. El Samur Social (servicio del Ayuntamiento de Madrid dedicado a la atención de las emergencias sociales) es el órgano que levanta a estas personas de las calles y las lleva al cuidado de un techo, donde vivir un poco mejor. Las bajas temperaturas de estos días en la capital española pegan fuerte en la calle.

El Ayuntamiento se ha encargado de mantener a los centros en buenas condiciones de higiene. No abunda la decoración pero sí hay cuidado humano. Hay actividades que se organizan para que los días no sean tan largos, y la vida social se organiza mucho en la puerta, donde se reúnen los que fuman, tanto trabajadores como los sin hogar. En las salas se crean relaciones de todo tipo: amistades, noviazgos, complicidades. En el período en que las temperaturas son muy bajas, del 25 de noviembre al 31 de marzo, se amplía el número de camas, y entonces es cuando realmente hay encuentros de lo más variados.

Fernando Carrasco, madrileño de 49 años, cuenta que tiene en el refugio su “despacho”, como llama a la sala donde pinta con témperas y acuarelas. “Soy dibujante”, explica interesado en dar a conocer sus obras. Dice que le gustan Picasso y Sorolla. En el albergue escapa de la dura vida en la calle, y recibe todas las comidas, además de ropa de cama. Hay autobuses (uno a las ocho de la tarde y otro una hora después) al alcance de las personas sin techo que voluntariamente quieran hospedarse en los albergues como Pinar de San José; Liliana Osipov, coordinadora del albergue, explica que la mitad son españoles y la mitad extranjeros.

Dos estufas de butano caldean el hall de entrada. En el vestíbulo hay dos mesas en las que el personal toma nota de quién va cada noche. El Samur Social lleva un registro de las personas con necesidad que hay en la ciudad y que necesitan de estos servicios. Les dan una tarjeta válida para siete noches, que pueden ir renovando, y les sellan cada estancia allí. En el hall se distribuyen, unos van a las habitaciones, otros directamente al comedor, vagan con o sin rumbo, pero con una temperatura agradable.

El Samur Social también ayuda a los inmigrantes a renovar su pasaporte y a tener sus papeles en regla. Y luego, en el centro de emergencias, no solo se duerme y se come. “Tienen tiempo para muchas cosas”, sostiene Liliana Osipov. Los que allí pernoctan se reúnen en la sala de televisión después de cenar. No todos entienden lo que ponen, algunos no hablan español; pero Osipov es moldava y entre otros idiomas habla ruso y rumano, lo que viene muy útil para lograr dialogar con muchas personas de los albergues, donde hay gente de todas las nacionalidades.

Ninguno de estos lugares es el paraíso, pero la gente que trabaja en ellos lo hace con cuidado y amor. Y, por lo menos durante unos minutos, las personas que viven en las calles pueden beber algo caliente, sea chocolate o café. Y, con la ayuda de diferentes grupos y organizaciones que reparten bebida y comida a los que lo necesiten, Madrid se vuelve un poco más cálida en tiempos de frío atmosférico y emocional.

Visto en El País

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