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Avanza la restauración del Coliseo romano

Una empresa privada y algunas figuras de la moda han aportado los capitales para devolverle color y esplendor al gran anfiteatro imperial.

 

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Desde la cornisa más alta del Coliseo, a la que solo se puede acceder a través del andamio colocado para su restauración, se disfruta de una vista maravillosa de la ciudad de Roma. Los 42 metros de altura y una mañana transparente permitían el viernes pasado divisar el monte Mario —la colina más alta de la ciudad—, la bandera del palacio del Quirinal, la cúpula de la basílica de San Pedro, el Panteón de Agripa e incluso, ahí abajo, la fachada rojiza del ático de Gep Gambardella, el protagonista de La gran belleza.

La arquitecta Pia Petrangeli y el ingeniero Stefano Podestà están haciendo esfuerzos monumentales por curar las heridas que los siglos y los hombres causaron al anfiteatro romano. El incendio del año 217 o el terremoto de 1349 desmoronaron parte del anfiteatro que el emperador Vespasiano empezó a construir. Un buen número de sus piedras originales fueron utilizadas para construir palacios e iglesias, incluyendo el Vaticano, y muchas joyas del Barroco se levantaron sobre el travertino arrancado al Coliseo. No fue hasta el siglo XIX que comenzaron las obras de restauración.

Pero ahora finalmente llegó una propuesta decidida y formal. El empresario Diego Della Valle, dueño del grupo de artículos de lujo Tod’s, decidió financiar la restauración del Coliseo, cuyo presupuesto total está valorado en 25 millones de euros. “La Superintendencia de Bienes Culturales de Roma sigue destinando parte de los fondos procedentes de las entradas —unos dos millones de euros al año— a la manutención del monumento, pero eso no es suficiente para afrontar la restauración del Coliseo en su conjunto. Por tanto, la idea no es sustituir la labor del Estado, sino garantizar la conservación de un monumento que nos pertenece a todos”, explicó Petrangeli. El proyecto abarca dos etapas: eliminar el depósito de suciedad que han ido dejando los siglos; y, una vez que se descubra el verdadero color del travertino, identificar las lesiones del monumento. La limpieza se realiza con agua atomizada, menos dañina para la superficie.

Y ahí es donde el ingeniero Stefano Podestà entra en acción: “Bajo la suciedad nos encontramos fragmentos de piedra de 20 y 25 kilos que están a punto de desprenderse y tenemos que valorar si debemos fijarlo o si es mejor quitarlos definitivamente por el bien de la estructura general del monumento”. En ningún caso se trata de devolver el Coliseo, de forma artificial, a su estructura original, sino de respetar el paso del tiempo: “El actual carácter del Coliseo es el de una estructura discontinua, una geometría rota por el tiempo y la historia. No necesitamos repetir el pasado, sino revalorizar lo que ya tenemos”.

Un monumento que, ya sea desde los 42 metros de su cornisa más alta o desde las galerías subterráneas por las que eran izados hacia la arena leones, tigres o búfalos, sigue ofreciendo a los miles de turistas que lo visitan cada día fiel testimonio de la grandeza del Imperio. Una buena noticia que se decida cuidarlo.

Visto en El País

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