¿Es o No es?

Australia: tribunal salva a hombre contra su voluntad

Un adolescente australiano que es Testigo de Jehová se vio obligado a acatar un tratamiento médico para salvar su vida impuesto por la corte de justicia. Los seguidores de esa religión no aceptan las transfusiones de sangre, pero el tribunal juzgó que era más importante salvar la vida del menor, aún a costa de sus creencias.

Hoy nos preguntamos: ¿Es una buena noticia que el Estado elija por sobre las creencias de las personas para salvar su vida, o debería aceptar todas las creencias personales, aún si ponen en riesgo la salud del paciente?

 

Niños Testigos de Jehová, firmes con sus creencias aún en contra de la salud

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El joven de 17 años sufre de un cáncer maligno, pero de entrada dejó en claro que no quería transfusiones de sangre ni tratamientos con sangre ajena, ya que eso implica “una violación a su relación con Dios”. El Hospital de Niños de Sydney no aceptó los argumentos del joven Testigo de Jehová y el caso llegó a la justicia, que dio la razón a la clínica.

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El adolescente apeló ante la Corte Suprema de la región de South Wales, pero la corte falló en contra del paciente, alegando que no encontraba motivos suficientes en términos legales para rebatir la decisión. El juez John Basten indicó incluso que el hecho de que el joven esté por cumplir 18 años – momento a partir del cual podrá decidir por sí mismo – no es motivo para cambiar la decisión.

“Es de interés para el Estado que el ciudadano sobreviva hasta que cumpla los 18 años; a partir de allí, él será libre para decidir por sí mismo en cuanto a su tratamiento médico”, alegó el juez.

 

La transfusión de sangre, un problema para los creyentes

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El adolescente, quien sufre del mal de Hodgkin, aceptó someterse a la quimioterapia, pero logró una mínima reducción de los tumores que lo afectaban y la enfermedad no pudo ser detenida. Sus médicos recomendaron dosis más altas de quimioterapia, lo cual trae aparejado efectos secundarios como la anemia, cosa que ocurrió. Por eso se hicieran necesarias transfusiones de sangre.

Se le aconsejó al paciente que recibiera transfusiones porque sino tendría un 80 por ciento de probabilidades de no sobrevivir, pero en ese entonces el joven alegó que su religión no le permite tal procedimiento, dado que toda su vida se rige por los preceptos de los Testigos de Jehová. En la apelación no sólo estaba la palabra del joven, en tanto “menor maduro”, sino también de sus padres, quien dejaron constancia de entender todo lo que pasaba.

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Pero dos jueces, el de primera instancia y el de apelaciones, defendieron la necesidad de llevar adelante el tratamiento. “No hay dudas de la devoción que el paciente tiene por su fe, pero la misma lo inhabilita para ver el panorama más amplio”, expresó el juez Ian Gzell en su informe. “La santidad de la vida es, a fin de cuentas, una razón más poderosa para mí en el momento de decidir que el respeto por la dignidad del individuo”, sentenció la autoridad legal.

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Por eso hoy les preguntamos, queridos lectores: ¿Es una buena noticia que el Estado elija por sobre las creencias de las personas para salvar su vida, o debería aceptar todas las creencias personales, aún si ponen en riesgo la salud del paciente?

Visto en AFP

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