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Artistas británicos hacen hablar a pomposas estatuas

En uno de los puentes que cruza el río Támesis hay una estatua de la Reina Victoria. ¿Quién sabe lo que está pensando? Ahora, gracias a la magia del arte, podemos saberlo.

 

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“Hola, aquí Victoria. Reina de Inglaterra por 63 años, siete años y dos días. ¿Quién lleva la cuenta, de todos modos?”, dice súbitamente el trozo metálico moldeado en forma de reina británica. Ante la sorpresa que eso puede generar, imaginen que a continuación la estatua ubicada en la parte norte del puente Blackfriars nos confiesa que lo que más odia es amamantar. El colmo.

Pero esa idea simple, graciosa y un tanto subversiva es la creación de un grupo de artistas locales, quienes decidieron dar voz mundana a las centenarias estatuas. Se llaman Sing London y buscan que la gente se reconecte con espacios públicos. De paso, trajeron a gente famosa a participar: la actriz Prunella Scales da tono a la reina. Tal es el éxito de esta iniciativa que ya hay siguientes destinos planeados para esta instalación performática humorística: París y Chicago.

También se puede recibir más charla de parte de las estatuas, usando el smartphone: uno puede escanear un código o abrir una página, donde la estatua nos sigue dando charla. La reina Victoria, quien inauguró el puente en 1869, también recuerda a su esposo Albert y sus nueve hijos (“¡Odiaba amamantarlos!”) y muestra su preocupación de que su legado sea olvidado.

Uno también puede escuchar a la estatua del gato de Samuel Johnson narrar su amor por las ostras. El animalito de bronce vive junto a la casa del escritor del siglo XVIII (responsable del primer diccionario británico) y es una de las principales atracciones del paseo de estatuas parlantes. “Mi palabra preferida es gato, y se lo describe como un animal doméstico que persigue ratones. De hecho, prefiero los peces”, opina el felino, cuya voz la hace Nicholas Parsons.

“La idea es que la gente deje de mirar sus teléfonos y se reconecte con los espacios públicos, que disfrute de la ciudad que todos compartimos”, cuenta Colette Hiller, impulsora de la idea. “La gente pasa junto a las estatuas y no las registra, no sabe quiénes son esos que ven”. Su intuición fue certera: ya son 11.000 las personas que participaron en la simpática experiencia, que también funciona en Manchester.

Visto en Rawstory

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