Animales

Abren un hotel destinado únicamente a niños

Los clientes de este peculiar alojamiento de la sierra de Madrid solo tienen de dos a ocho años de edad. Es como una guardería pero mucho más confortable y divertida.

 

 

Rapaziños, así se llama este singular hotel donde sólo se admiten clientes infantiles. Entrar en él es como entrar en una casa de cuentos rodeada de pinos, en plena sierra Oeste de Madrid. Las camas, baños, duchas, todo está diseñado a medida de los más pequeños.

Juan José Anaya, creador de esta idea junto a su mujer Pepa, fue “que los padres que trabajan puedan traer aquí a sus hijos de 2 a 8 años para que puedan disfrutar de la naturaleza y el aire libre los días que ellos consideren”. La casa, de 500 metros cuadrados, fue diseñada sin puertas para que en su interior todo sea espacio abierto, de tal modo que los niños pequeños no tengan sensación de agobio o de estar perdidos entre pasillos o puertas cerradas.

El dormitorio es circular y duermen en camas vigiladas por un monitor. “Admitimos hasta un máximo de 20 niños para poder tener una atención muy personalizada, porque cada uno de ellos es un mundo”, explica el responsable de este curioso hotel. Todos ellos tienen libertad para corretear por dentro y fuera de la casa donde hay un jardín de 800 metros cuadrados. Además, los menús son realizados diariamente con productos naturales, dando a los platos una presentación atractiva y convirtiendo la hora de la comida en un acto social agradable.

Cada día se realiza una pequeña excursión caminando por el bosque, se invita a los niños a observar las águilas y los buitres. También realizan talleres y manualidades con hojas recogidas por el camino, juegan a la búsqueda del tesoro o “se mojan en una pequeña piscina que llenamos solo hasta que el agua le llegue a los tobillos con la que se refrescan tirando allí sus juguetes”, cuenta Anaya.

Los padres pueden llamar por teléfono a sus hijos cuando lo deseen, como si fueran huéspedes de un hotel. “Nuestra intención es que aquí los niños se sientan como en su casa y que todo esté diseñado y preparado para dar respuesta a las necesidades de niños de una determinada franja de edad y que no se cubre en otros lugares”, cuenta el matrimonio, que tiene hijos adolescentes. “Aunque sus padres trabajen, queremos que los niños puedan disfrutar del aire libre sin tener que estar encerrados en la gran ciudad”.

El precio aproximado para una estancia de domingo a viernes, que es cuando suelen dejar los padres a sus hijos, es de 210 euros. Bastante conveniente, ¿no?

Visto en ABC

Agradecemos a Perla Wior por enviarnos esta noticia.

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