Sociedad

Abren escuelas para niños con discapacidad en el desierto

En medio de los campamentos de refugiados en el Sahara, donde las distancias a recorrer son enorme, un grupo de docentes creó nueve centros de educación especial.

 

 

Fátima es directora del centro de discapacitados de Dajla, uno de los campamentos de refugiados saharauis de la provincia de Tinduf, en el desierto argelino. Este 2015 se cumplen 40 años desde la ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos. Desde entonces, alrededor de 180.000 saharauis viven como refugiados en este territorio.

Fátima no es una docente cualquiera; posee el honor de ser una de las primeras y mayores impulsoras de la educación para niños con patologías mentales y físicas en los asentamientos. Estudió Educación Infantil en Cuba y luego retornó a los campamentos. Recordando sus inicios, comentó que habían regresado tres amigas suyas que habían terminado cursos de Educación Especial y, entre las cuatro, intentaron buscar una solución para las personas con deficiencia mental que fueran más allá de lo asistencial.

Hasta entonces, las personas con discapacidad vivían apartados o vagaban por la calle, pasando el tiempo sin hacer nada. Otros no salían de sus jaimas. Y a pesar de que algunos se matriculaban en las escuelas ordinarias, no acudían al colegio por miedo o vergüenza de sus familiares. Por aquel entonces, sólo existía un centro para personas con restricciones psicomotrices en los campamentos. “Teníamos energía, queríamos construir centros para todas las wilayas (campamentos saharauis), pero no sabíamos muy bien por dónde empezar”, afirma Fátima.

Tras hablar con varias asistentas que tenían un registro de personas con deficiencias, decidieron dar un paso más. Al principio se dedicaban a ir de jaima en jaima buscando a los chicos, hablando con sus familias para explicarles la necesidad de estar escolarizados, de juntarse con otros chicos, de hacer valer su potencial. “La falta de recursos se suplía con la ilusión del comienzo”, sentencia Fátima.

Durante años estuvieron trabajando con las familias para que trajeran a sus hijos al centro, vieran el trabajo que se hacía y se concienciaran. Ese trabajo de hormiga ha dado con el tiempo sus resultados. “Hemos conseguido que las madres acudan con sus hijos o que vengan a resolver dudas o a buscar orientación cuando éstos son pequeños”, afirma la profesora. Los talleres de las escuelas cumplen una función integradora. Hay cursos de carpintería, donde los alumnos hacen puertas y ventanas, o de costura, donde las chicas cosen vestidos o banderas. Los ingresos que logran con su venta son para auto financiarse.

Las cosas han cambiado mucho desde aquellos primeros años. En total hay cinco centros para niños con discapacitdad y cuatro más para ciegos. Más de 200 alumnos acuden diariamente a las escuelas donde, además, reciben la comida del día.

Visto en El País

Nota editada por Ana Kabat.

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