¡WOW!

Abre en Berlín un museo con cadáveres eternos

El doctor Von Hagens y su esposa Angelina Whalley han creado un inédito museo permanente donde el visitante puede descubrir los misterios del cuerpo humano, gracias a una famosa invención del médico: la plastinación.

 

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El doctor Gunther von Hagens.

 

Hace 20 años el polémico doctor en medicina Gunther von Hagens presentó al público sus famosos cadáveres eternos (cuerpos humanos plastificados). La exposición itinerante Körperwelt (El mundo del cuerpo humano) recorrió el mundo y fue vista por más de 40 millones de personas en 23 países.

La muestra se titula “Museo del ser humano-facetas de la vida”, y se despliega en una superficie de 1.200 metros cuadrados donde se confronta al visitante con el increíble universo de formas, colores y texturas que encierra el cuerpo humano.

La creación de la exhibición no ha estado exenta de polémica a causa de una protesta civil y religiosa que no prosperó en los tribunales. Los enemigos del famoso doctor denunciaron que un museo con cadáveres humanos, además de indigno, violaba las leyes vigentes. Pero un juez de Berlín sentenció que los cuerpos plastinados no eran cadáveres en el sentido legal.

 

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Las obras de arte que muestra el museo dejaron de ser cadáveres humanos y fueron convertidos en muñecos de plástico que tienen la rara virtud de mostrar el interior del cuerpo humano en sus más complejas variedades, además de mostrar también su vulnerabilidad. Pero el museo también pretende ser didáctico, un concepto que fue ideado por la esposa del médico, Angelina Whalley, y con el que pretende aplacar la polémica y los ataques de sus críticos, que les acusan de haberse enriquecido al convertir los restos humanos en cadáveres eternos.

La técnica de plastinación consiste en extraer los líquidos corporales y sustituirlos por resinas y materiales plásticos.

La serie de cadáveres plastinados son exhibidos en el nuevo museo con formas tan disparatadas como columpiándose en un trapecio, o dos acróbatas mirándose a un espejo, un serio pensador con las piernas cruzadas, una mujer bailarina de ballet y otra armada con un arco… Las obras pretenden guiar al visitante a lo largo de un laberinto de paredes pintadas de negro y adornado con vitrinas, para intentar explicar el funcionamiento del cuerpo humano y acercar al visitante al conocimiento de su propio organismo.

 

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Pero el capítulo didáctico, a veces, se convierte en una parodia gracias al gusto especial de von Hagens que en algunos casos convierte a sus momias en objetos casi ridículos, como es el caso de El Angel, que muestra el cuerpo de una mujer sin piel adornado con una peluca rubia. O el cuerpo del Patinador, que luce en sus manos uñas pintadas. La explicación anatómica, en cambio, esta lograda con la muestra que exhibe a una pareja abrazada, en la cual los artesanos despegaron del cuerpo de la mujer su columna vertebral para permitir una visión de los pulmones, el diafragma, el hígado y la vesícula biliar, una clase de anatomía casi perfecta.

“Con esta exposición he alcanzado el punto culminante de mi carrera”, dijo Gunther von Hagens, que tiene dificultades para expresarse a causa del párkinson que lo alejó de su trabajo artesanal.

El Museo del Ser Humano de Berlín está condenado a tener éxito, como también lo es el negocio de comercializar los cuerpos plastinados que venden a los institutos de anatomía de medio planeta y que elaboran en el llamado Plastinarium, ubicado en la ciudad de Guben. Cuando el médico inició su aventura se enfrentó con un problema crucial y que no podía resolverse con las leyes clásicas de la oferta y la demanda. Von Hagens necesitaba (necesita) cadáveres humanos para mantener su actividad museística con vida. Pero su fama convenció a miles de mortales a donar sus cuerpos.

 

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Según una información oficial del Instituto para la Plastinación de Heidelberg, el médico y su equipo de artesanos cuentan con una reserva de 15.059 donantes, entre ellos, 12.941 alemanes. El propio von Hagens ha anunciado su intención de ser plastinado cuando muera.

 

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Visto en El País

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