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31 años de la Conadep: informe sobre ciegos sin corazón

El Terror se basa en la incomunicación. En el aislamiento total, el cual logra que la dignidad sea un recuerdo lejano en el tiempo, casi un lujo. Volver a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad luego de años de silencio y opresión podría considerarse como algo placentero. Aunque no siempre lo es. Una vez que el miedo se convierte en el protagonista principal de la vida de las personas lograr que se vaya no es sencillo, mucho más si la locura es la que ejecuta el horror. Se pega, como un chicle en una suela. Y todas las acciones posteriores siguen teniendo un color oscuro, que aclara tenuemente con el paso de los años. De todos modos resulta indispensable, obligatorio diría, enfrentarlo. Si la beligerancia contra el miedo es inmediata, mejor aún.

 

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Ernesto Sábato, presidente de la Conadep, entrega el informe final a Alfonsín.

 

Por Nicolás Moretti 

Precisamente la inminencia en encarar esta cuestión fue el factor sobresaliente y más valioso del primer año de gobierno de Raúl Alfonsín. En una columna anterior les hemos contado la curación de una llaga abierta justamente en ese año, 1984: el conflicto limítrofe con Chile, la cuestión del Beagle. En esta misma sintonía, pero con muchísima más celeridad afortunadamente, Alfonsín hizo ejercicio pleno de sus facultades como Presidente democrático sancionando dos decretos cinco días después de haber asumido el cargo. El primero, el 158/83, ordenaba procesar judicialmente a las tres juntas militares que gobernaron el país desde el 24 de Marzo de 1976. Su objetivo era clarísimo y loable: juzgar con todo el rigor de la ley a los genocidas que implantaron el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina. A su vez en ese momento, el Presidente envió al Congreso un proyecto de ley declarando nula la ley de autoamnistía dictada por el gobierno militar. Una semana después el proyecto fue sancionado como ley, la primera de la nueva etapa democrática.

Pero Alfonsín necesitaba un marco probatorio, dotar de herramientas y de material a los responsables judiciales del proceso contra los militares y para esto precisaba de una comisión asesora. Ese mismo día, el 15 de Diciembre de 1983, mediante el decreto 187/83, creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. La CONADEP.

La CONADEP tuvo como objetivo investigar todos los hechos relacionados con la desaparición de personas durante la dictadura. Hurgar en las graves, reiteradas y planificadas violaciones a los derechos humanos. No fue instituida para juzgar, como dijimos antes, sino para indagar acerca de la suerte corrida por las personas que estaban desaparecidas. Ernesto Sábato, histórico militante por los derechos humanos de las personas y sensacional escritor, fue elegido por los demás miembros que integraban la Comisión para presidirla. Lo acompañaron en su labor otras personalidades de la cultura, la política, la ciencia, los medios y del clero. René Favaloro, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, Marshall Meyer, Raúl Aragón y Leopoldo Silgueira son algunos de los tantísimos que colaboraron en esta recolección de información.

Durante 280 días la CONADEP recorrió todo el país en busca de testimonios de sobrevivientes, de familiares, de represores y de los edificios utilizados como centros de detención. Colmadas las cárceles ordinarias, la dictadura creó en las principales ciudades del país virtuales campos de concentración donde no entraba ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos convirtió a la mayoría de las detenciones en secuestros que permitieron la tortura sin límite y el asesinato sin juicio. Más de quince mil recursos de habeas corpus han sido contestados negativamente durante el Proceso. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se presentó, porque se conocía su inutilidad y porque se sabía la suerte de algunos letrados que osaron insistir en sus reclamos. La negativa de la Junta a publicar los nombres de los prisioneros fue asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados con el pretexto de combates fraguados e imaginarias tentativas de fuga.

Desarrollando una tarea titánica, sin descanso y con la invalorable ayuda prestada por los organismos de derechos humanos, la CONADEP confeccionó un inventario de todas las desapariciones denunciadas y de todos los centros clandestinos, tarea que muchas veces requirió de la presencia de algunos sobrevivientes. Recibió pruebas y denuncias sobre aquellos hechos, que fueron remitidas inmediatamente a la Justicia. Intentó determinar, a veces sin éxito, la ubicación de niños sustraídos de la tutela de sus padres. Denunció cualquier intento de ocultamiento, sustracción o destrucción de elementos probatorios relacionados con estos asuntos. También contó con el aporte informativo de diversos organismos de Naciones Unidas, de la OEA y de numerosas organizaciones internacionales gubernamentales y las que no lo eran, muchas de las cuales cedieron sus propios archivos. Con estos datos se crearon mapas, se clasificaron los relatos y se hicieron análisis a fin de reconstruir el modus operandi de la barbarie militar.

El 20 de Septiembre de 1984, luego de nueve meses intensos de trabajo, Ernesto Sábato, acompañado por una multitud de 70 mil personas en Plaza de Mayo, entregó el informe final de la comisión al Presidente de la Nación. El voluminoso documento final, de varias carpetas, registró un número de 8961 desparecidos (cifra del año 1984) y 380 centros clandestinos de detención. Dejó en claro la existencia de un plan sistemático perpetrado desde el gobierno mismo y constituyó la prueba fundamental para el juzgamiento a los responsables de delitos de lesa humanidad hasta el día de hoy.

Este informe final fue publicado en forma de libro bajo el nombre de Nunca Más, publicado por la editorial Eudeba. Este título fue elegido a partir de la propuesta de Marshall Meyer ya que era el lema utilizado originalmente por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia para repudiar las atrocidades nazis.

 

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El Juicio a las Juntas, ejemplo mundial de memoria colectiva.

 

 

En octubre de 1984 la Cámara Federal, un tribunal civil, tomó la decisión de desplazar al tribunal militar que estaba enjuiciando a las juntas para hacerse cargo íntegra y directamente del juicio. El histórico Juicio a las Juntas se llevó a cabo entre abril y agosto de 1985, donde se trataron 281 casos. La sentencia condenó a Videla y a Massera a reclusión perpetua, a Viola a 17 años de prisión, a Armando Lambruschini a 8 años y a Agosti a 4 años de cárcel. La condena a las juntas militares realizada por un gobierno democrático resultó un hecho sin precedentes en el mundo, que contrastó fuertemente con las transiciones negociadas que tuvieron lugar en aquellos años en España, Uruguay y Brasil, donde recién hace una semana Dilma Rousseff recibió el informe de su Comisión de la Verdad.

Tristemente, todos estos logros se vieron empañados por la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, derogadas 20 años mas tarde. Lo peor sucedió en los años 90 con los indultos presidenciales. Alfonsín también decidió, al mismo tiempo de la creación de la CONADEP, enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros, zanjando así una de las grietas más grandes de nuestra breve historia democrática: la Teoría de los Dos Demonios.

En 2009, el Fondo Documental CONADEP, fue declarado Memoria del Mundo por la Unesco. Actualmente están bajo la custodia del Ministerio del Interior bajo la órbita de la Secretaria de Derechos Humanos. Hoy en día siguen siendo prueba documental para determinar los ascensos, comisiones y reincorporaciones de los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

“Después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimiento y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos”

-Ernesto Sábato, 20 de Septiembre de 1984.

Nunca más.

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